Desde que nací hasta el año pasado Navidad ha sido un
periodo vacacional. De desconexión con el deber y de conexión con el prójimo.
Cuando eres pequeño lo notas poco pero conforme creces vas deseando que Navidad
llegue aunque sólo sea para evadirte de exámenes. Hasta en segundo de
bachillerato, año trágico por excelencia, la Navidad fue el periodo de
desconexión más absoluto y placentero. Pero este año no.
Naces, creces, estudias, llegas a la universidad y te joden.
Porque así está diseñado. Al estar dividido el curso en dos cuatrimestres los
exámenes son en enero y claaaaro,
cuál es tu sorpresa al ver que te han arruinado todas las vacaciones. No tienen
suficiente con que estudies durante el curso, también tienes que hacerlo en Navidades,
ponerte al día de todo, hacer trabajos varios, y estudiar. Estudiar bastante.
La Navidad, la época más bonita del año, ensuciada por todos
esos tristes apuntes. So sad. Pero es lo que toca.
Es curioso. Ese momento en el que intentas que te salga algo
pero no. Insistes, te parece una tortura. Tienes que entenderlo, para aprobar
tienes que entenderlo. Persistes, lo intentas otra vez. Sientes una ligera
angustia, ¿por qué cuesta tanto? Otros igual lo entendieron al momento. Pero tú
no. A ti te cuesta. Después de todo qué importa el resto… No van a aprobar por
ti.
Lo vuelves a intentar una vez más. Desde el principio. Lees
lento, en voz alta, sin ningún ruido exterior que te moleste, sin nada más en
la cabeza, y lo entiendes. La bombilla se ilumina. Sientes alivio. Por fin. Y
en ese momento surge; un ápice de satisfacción. Ahora que te lo entiendes te
gusta. Es difícil pero te gusta. Alegra. Llena. Cuesta pero recompensa.
Todo tiene su precio y todo se puede alcanzar. Esfuérzate.
Me veo
obligada a hacer esta entrada porque creo que vivimos muy engañados. En junio
terminé segundo de bachillerato, un curso muy doloroso en el que (al menos en
mi instituto) si no trabajabas todos los días estabas jodido.
A lo
largo de los años escolares el número de exámenes y su dificultad va creciendo
hasta llegar a, lo que algunos llaman, la cumbre del conocimiento, segundo de
bachillerato. Porque luego ya te especializas en algo en concreto. En este
curso encuentras que todas las semanas tienes exámenes y que no puedes estudiar
el día de antes, ves tu vida social reducirse a los sábados por la noche y
cuando se acerca selectividad ni eso. Crees que es sólo un año, ocho meses y
medio y nunca mais. Todo mentira.
Terminas
segundo de bachillerato con la alegría del verano de tu vida y la verdad es que
lo es, y si no lo es debería porque si has pasado limpio probablemente no
vuelvas a tener tanto tiempo libre para no hacer absolutamente nada (o para
hacer lo que querías y no podías porque no tenías tiempo). Te cuentan que la universidad
va a ser una muy buena experiencia, los mejores años de tu vida, leyendas
everywhere.
Al
principio te alegras, por fin estás estudiando lo que querías, (o como nos pasa
a algunos lo que menos nos disgusta) pero luego llega el batacazo.
En la
mayoría de las carreras hay que estudiar todos los días si no quieres ir
perdido en enero. Selectividad, esa experiencia que mejor una vez en la vida y
no más, parece querer repetirse dos veces al año ahora. En lo único que
encuentro la diferencia es en el ritmo de estudio, puede que segundo de
bachillerato te metiera más presión pero veías la recompensa día a día. Aquí
sólo tienes una oportunidad, te lo juegas todo a una carta. Tienes que elegir
qué asignaturas repasar porque aunque haya pocas no da tiempo a todas, y no
mencionemos ya los trabajos.
Algunos
dejamos atrás amigos, ciudad, casa… para entrar en la boca del lobo. ¿Se vive
mejor ahora? Yo diría que no.
Casi no
salgo viva de segundo de bachillerato pero salí, esto sólo está empezando y se
ha cargado mis expectativas. ¿Cuatro años así? No sé si podré.
Los mejores años de nuestras vidas se los estoy dando no sé a quién
Es sorprendente la capacidad que tienen algunas personas
para bromear. De hecho, hay gente que se pasa todo el día gastando bromas al
prójimo, el problema llega cuando él las recibe.
Y es que hay gente que no sabe encajar una broma, cosa no
muy comprensible cuando no paras de incordiar a otros.
Se enfadan, hasta te dejan de hablar. Es extraño pero
cierto. No lo comprendo muy bien. A todo el mundo le gusta gastar bromas de vez
en cuando pero cada vez que se hace una broma hay que replantearse ciertas
cosas como ¿Me gustaría que me lo hicieran a mí? ¿Cómo me lo tomaría? ¿Merece
la pena? Y una vez se han resuelto estas preguntas mentales proceder o no.
Hay gente con un talento innato para incordiar, hacen
chistes sobre ti, se meten con tu ropa, tu estilo, tu manera de actuar, a veces
sólo basta que te muevas para causar un comentario. Pero ojo digas tú algo de
él, porque entonces se enfada. Parecen tener una natural insensibilidad y no
son conscientes de ello, y si lo son les da igual.
Algunos comentarios llegan a ser crueles, pero no puedes
enfadarte porque ha sido una broma, sin embargo no intentes combatirla con otra
tú. Serás tachado de rencoroso.
Ten cuidado de las bromas que haces, de cómo las haces y del
momento en que las haces.
Sufrimos. Hay
momentos en los que nos encontramos verdaderamente mal, llegamos a querer
morir. Nos preguntamos ¿Qué pasa? ¿Por qué siempre a mí? Parece que el mundo se
haya confabulado en nuestra contra para hacérnoslo pasar mal. Ahogamos nuestras
penas llorando, nos sentimos miserables, nos desesperamos, desfallecemos… pero
no encontramos solución.
Es así. Y aunque
no lo queramos, el sufrimiento es ineludible.
Sin sufrimiento no seríamos capaces de valorar la felicidad, los buenos
momentos. Tiene que haber malas rachas para saborear las buenas.
A nadie le gusta pasarlo mal, duele, pero es necesario. Cuando estamos
atravesando un mal momento queremos que acabe, somos conscientes de ello, intentamos
solucionarlo a toda costa, llegamos a pensar que no lo superaremos, que nuestra
vida es un fracaso, que lo vamos a arruinar todo...
Todo esto y más pasa nuestras cabezas, nos atormentamos más
nosotros que el propio sufrimiento, incrementamos el dolor, la incertidumbre de
saber cómo acabará todo nos consume, no nos creemos capaces.
Pero no todo es malo, y después de un mal momento llegará
uno mejor, y lo notaremos. Puede que no en el mismo instante pero si después,
entonces sabremos que ya ha terminado. Que igual todo lo que pensamos mientras
lo pasábamos mal era innecesario, que incrementamos la carga, que no fue para
tanto.
Hay que aprovechar los malos momentos y aprender de ellos.
El sufrimiento es inevitable, la angustia opcional.
La sociedad tiene un grave
problema. Cada vez desde más pequeño el ser humano se ve dependiente de su
teléfono móvil. Niños de siete años con móviles, pero ¿para qué los pueden
necesitar? Un móvil es muy útil y cada adulto que lo crea necesario debería
tener uno. Ya en la adolescencia empiezan a convertirse en imprescindibles,
caemos en sus redes y quedamos atrapadas en ellas.
Primero se usaban para llamar y
enviar mensajes, pero luego sus capacidades fueron aumentando. Ahora ya casi
nadie llama, por no hablar de mensajear, ahora hay otros métodos. La aparición
de internet móvil ha supuesto toda una revolución. Esta entrada es sobre el
famoso Whatsapp y redes como esta.
La gente se refugia en ellas cuando
no tiene otra cosa que hacer pero también cuando debería estar haciendo otras
cosas. Es preocupante ver como cuando llegas a un sitio nuevo la gente no se
esfuerza en socializarse sino que prefiere sacar su móvil, evadirse del mundo y
hablar con gente ya conocida.
¿Cómo conocer gente nueva así? Es
realmente complicado. De primeras no puedes, da vergüenza interrumpir, igual
hasta es una conversación importante. En la mayoría de los casos seguro que no
lo es. Después de todo, ¿de qué tanto tenemos que hablar a todas horas por el
móvil? Se nos acaban los temas de conversación.
Cada día más atado, el ser humano
lo utiliza mientras come, estudia, está en el colegio/universidad/instituto,
hace cola en el supermercado, espera a que llegue el autobús, le están cortando
el pelo…
No digo que no sea útil y no
debamos hacerlo, sino que hay que moderarse.
Para todo hay tiempo. Ante todo socialízate en persona. Pasas horas en casa
hablando con gente a la que no tienes delante y cuando la tienes no le prestas
atención porque estás chateando con otros. No tiene sentido.
No lo apreciamos pero tal vez
estamos dejando pasar gente valiosa de largo por estar conectados en ese
momento.
Algún día pasará el amor de tu vida
por delante de ti y no te enterarás porque estarás pendiente de la última
cadena que te enviaron por chat.
A veces deseamos tanto algo que no nos paramos a pensar cómo
será cuando finalmente lo alcancemos.
Estamos sedientos de deseos, nos invade el poder de
cumplirlos. Somos en cierta manera avariciosos, ilusos. Pero es normal, de
ilusiones se vive.
Hay que ser consciente de lo que se tiene y lo que se quiere
cambiar. Muchas veces querríamos tener cosas diferentes de las que poseemos,
nos vemos infelices con lo propio y queremos mejorarlo. Sabemos que no somos
realmente felices con lo que tenemos,
aspiramos a algo mejor, pero esto no siempre es posible. No siempre se cambia a
mejor.
A veces aspiramos a una vida mejor y nos encontramos con
algo peor de lo que ya teníamos. Y entonces te das cuenta, no era tan malo lo
que tenía antes si lo comparo con ahora. Has malgastado el tiempo esperando
algo mejor y sólo has conseguido empeorar la situación.
Hay que ser realista, ser consciente de lo que se tiene y
saber a lo que se aspira. A mí me acaba de pasar, llevaba dos años queriendo
irme de donde estoy y ahora que me he ido echo de menos lo que tenía porque
esto no es realmente lo que esperaba (aunque todavía es pronto para juzgarlo).
Lo mismo pasa con las amistades, hay veces que no las
valoramos como debemos y hasta que no salimos de nuestra realidad, conocemos más gente y comparamos no
nos damos cuenta de lo que realmente tu amigo verdadero te ofrece.
Me acabo cansando de la gente, es un hecho. Haciendo un rápido
cálculo puedo decir que mi media de duración de una amistad es de dos años.
Y es que al final hay que desistir. Me considero buena amiga
de mis amigos, un poco exclusiva, me gustan las minorías (nada malo, creo). El
problema puede ser que me entrego demasiado, espero más de la gente de lo que
pueden darme y esto crea fisuras hasta llegar al agujero.
Como amiga, igual soy un poco egoísta al decir esto, pero
creo que no se pueden quejar de mí. Soy fiel, si tengo que defender
causas indefendibles las defiendo y si tengo que quedar mal con el resto poco
me importa. Me da igual lo que piense “el popularismo”, ya he dicho que soy de
minorías. Hasta aquí todo está bien, pero si no es algo recíproco acabará
muriendo, como lo ha hecho hasta ahora.
Sé perdonar, puedo dar más de una oportunidad, soy paciente,
pero hasta cierto límite.
Mi problema es que me callo demasiado, y acumular tanta
mierda hace vomitarla (al vacío invisible) en un momento, y entonces no hay vuelta atrás. ¿Que no
debería hacerlo? Lo sé, pero es así. Igual prefiero evitar conflictos y llega
un momento que se me comen… quién sabe.
Y cuando después de tanto tragar de repente exploto ya nada
vuelve a ser como antes. Normalmente no hay explosión, no empiezo a soltar
mierda por la boca dejando al otro atónito. Normalmente no hay diferencia
visible, pero ha muerto y es irremisible.
Nada volverá a ser como antes, no por mi parte. Por mucho
que lo intente. Es algo que me supera, cuando digo que no es no, y nada puede hacer ya el otro por
arreglarlo.Y me vuelvo borde, cada vez más, y el otro me pregunta si estoy enfadada, ojalá fuera eso.
Es tan grande el salto en todos los sentidos que me hace
preguntarme qué lo impulsa. Y es que uno pasa de tener quince años a tener
dieciséis sin mayores cambios, pero pasar de tener diecisiete a tener dieciocho
marca toda tu posterior existencia.
El último de tus días como persona con diecisiete años eres
menor de edad, no puedes entrar a según qué discotecas, no puedes consumir
alcohol, tampoco tabaco, necesitas el consentimiento de tus padres, al menos un
tutor legal… en definitiva, eres menor de edad.
Y veinticuatro horas después puedes hacer todo esto libremente, incluso
puedes sacarte el carnet del coche ¡E ir a la cárcel! Se supone que ya eres
independiente, maduro, mayor de edad. Sólo se supone.
¿Alcanza uno la madurez al cumplir los dieciocho? Ya lo
dudo. Cada uno madura cuando le llega el momento según las circunstancias de su
vida. Hacerte mayor no va hacerte más responsable, las experiencias que vivas
sí.
Y es que los dieciocho ya es una edad considerable para ser
mayor de edad, pero yo lo pienso y nada ha cambiado en tan sólo unos días. Pero
los dieciocho te obligan a madurar, te enseñan que es necesario que dejes de
pensar como un niño y actúes como un adulto porque ya lo eres. Porque aunque no
quieras tu vida va a cambiar.
Nueva ciudad, nuevo lugar donde vivir, nuevo entorno para
estudiar, nuevas compañías… todo esto va a comenzar. Quién sabe lo que se
quedará atrás.
Que fase tan interesante. Y es que es eso, una fase, que va
desde que te empieza a gustar alguien hasta que finalmente lo sabe. He de
reivindicarla. Para mí es de lo más interesante y productiva, porque luego se
asienta la cosa y pierde su encanto.
Cuando tonteas con alguien te quedas hablando hasta las
tantas, te ríes constantemente, tienes intriga por saber si eres
correspondido y eso da morbo, da ganas
de seguir. Esa curiosidad enfermiza que tanto nos hace disfrutar, también
podemos rayarnos, pero pasar el rato al fin y al cabo. Su nombre –tonteo- ya lo indica, y es que las dos personas están
en un estado de tontería que les hace incluso descuidar obligaciones básicas
como estudiar, prestar atención a los familiares, pasar el tiempo con amigos…
pero no importa, porque hacer el tonto con esa persona es divertido.
Pero todo tiende a su fin, y llega un momento en el que se
hace inevitable confesar. Y o acaba en desastre, que es raro si el tonteo ha
sido prolongado y correspondido, o se asienta el asunto. Y se pierde la magia,
las tontadas, el misterio del principio se acaba y con él se evapora la ilusión
del principio. Todo es serio ahora, la intriga ha sido desvelada. Cuando se
pasa del tonteo a una relación cabe la posibilidad de que el amorío acabe,
puesto que el nuevo ritmo puede resultar rutinario y aburrido.
Por eso hay que reivindicar el tonteo, como fase de
transición de conocerse a algo más, como fase de entretenimiento.
Busca, experimenta, pruébalo. Cuando lo pierdas lo notarás,
no podrás volver a él, sólo queda resignarse e intentar que la nueva fase sea
mejor, sino el fracaso será inminente.
Si no existe este término deberían acuñarlo. Yo lo defino
como una enfermedad un tanto grave. Hay gente que no debería beber, porque cuando
lo hace sufre de un estado tontería de que hace padecer al resto.
¿Nunca habéis tenido que cuidar de un borracho? Si no es así
casi debería deciros que sois afortunados. No pasa con todos pero algunos de
ellos al beber cambian sus modales habituales y se vuelven realmente
insoportables. Se pasan unos momentos bochornosos en los que realmente no sabes
qué hacer. Si cuidas tú solo de una persona que sufre de "borrachismo" a veces
incluso llegas al borde de la desesperación. Y es que puede ser una persona
realmente buena, simpática, agradable… que cuando bebe da un giro de trescientos
sesenta grados. Lo notas en su manera de actuar, cambia su humor, se vuelven
medio violentos, secos, furiosos, y tú lo pagas. Y se supone que uno bebe para
divertirse, el que sí que se divierte es el que te cuida…
No sé qué tendrá el alcohol que haga que las personas den
estos cambios bruscos, pero también es cierto que después no suelen acordarse
¡tendrán morro! No te dan ni las gracias por cuidarlos, por preocuparte por
ellos, por mostrar el interés que el resto no tiene, porque a veces incluso
vomitan y los tienes que ayudar a recobrarse.
Hay que controlar esos cambios de actitudes porque uno no se
puede volver odioso así porque sí y luego pretender que todo vuelva a ser como
si nada hubiera pasado. Un poco de consideración por el que te aguanta.
Esta no es la entrada que yo quería hacer. Soy de esas
personas que creen que no debes hacer de
nadie tu marca de heroína porque si no puedes llegar a pasarlo muy mal. Depender
de alguien para ser feliz hace que tu vida necesite de ese alguien para tener
sentido y eso es lo que me lleva a decir que hay que ser independiente, ser
dueño de tus sentimientos, no dejarse afectar tanto por las reacciones del otro.
Pero todo esto queda desmontado.
Cuando empiezas una relación, en la que se siente, se crea
un estado de dependencia en el otro involuntariamente. Subordinas algunas de
tus prácticas habituales para estar o hablar con la otra persona, pierdes
tiempo que sabes que deberías invertir en cosas productivas, sabes que te
perjudicas pero aun así decides tomar el riesgo porque no te importa, porque tú
así eres feliz, tienes lo que te hace feliz. Incluso llegas a perder la relación
con algunos de tus familiares o amigos por dedicárselo a esa persona.
Mi conclusión es
sencilla, hay que saber dosificar.
No te debes volcar en una relación y dejar todo lo demás a un lado porque igual
cuando esta acabe miras a tu alrededor y no te queda nada. No debes hacer que
tus emociones dependan de nadie, hay que aprender a controlar, de lo contrario
lo pasarás mal, muy mal. ¿Qué pasa si esa persona te falla? Que te hallas sumido en la miseria. Si te sabes organizar te sabrás mentalizar y sabrás
vivir en armonía encontrando ese dorado punto medio (“aurea mediocritas”).
La dependencia es en cierta parte necesaria, pero también es
necesario no caer en su dominio, porque sino quedarás adicto a esa persona como
si de una droga se tratara, y salir luego de ello podrá convertirse en una
tortura.
A cada segundo, en cualquier lugar del planeta, muere
alguien. No somos nada. Puedes estar felizmente en tu casa viendo la televisión
y sufrir un ataque cerebral, desarrollar un cáncer que te fulmine en poco
tiempo, tener una muerte natural… Hay
mil maneras de morir. No importa la edad que tengas ni quién seas.
Puedes vivir una vida maravillosa, rodeada de seres queridos,
ser importante para tu círculo. Puede que no seas famoso pero eso no te hace no
ser una persona importante. Puedes tener un amor épico, una vida salvaje, mil y
una vivencias… pero al final mueres. ¿Y qué queda de ti?
Los famosos al menos reciben algunos minutos de televisión
en su homenaje, se emite alguna de sus películas o se les dedica un programa
especial, pero ¿y el resto del mundo? ¿Acaso no puede tener una persona normal
una vida remarcable?
Pero la muerte llega y se nos lleva completamente, quedamos reducidos a cenizas o en un ataúd bajo tierra y ya está. Producimos dolor en nuestros seres queridos sí, pero eso pasa y no somos más
que papeleo para ellos. Cambiar el titular de la cuenta del banco, repartir sus
efectos personales, donar sus cosas a la caridad… Morimos y encima generamos un
buen ajetreo de papeles, y a eso quedamos reducidos.
Ya no queda nada nuestro, todo es repartido, ¿o sí queda
algo? Independientemente de cuándo o cómo muera yo espero que me recuerden por
cómo soy y lo que he podido transmitir y que eso perdure en el tiempo, porque “alguien sólo muere cuando deja de ser
recordado”. Y por eso espero que al menos una minoría me recuerde, que
quede patente algo de esa vida que para algo viví, si no ¿qué función tiene la
existencia?
Cuando alguien muere hay que acostumbrarse a vivir sin su
presencia, pero borrar su recuerdo me parece un gesto cruel, si de una persona
importante en nuestra vida. Porque si así es, seguro que nos ha dejado algo que
quede grabado en nuestro corazón.
A veces pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo, y no
es así.
Pensamos que podemos dejar cosas importantes para otro
momento si hoy no se da la situación o si no nos apetece, porque otra cosa no,
pero tiempo no falta. Y no es así. Y es que a veces pasa tanto tiempo que se
cicatriza.
Uno no puede retener un sentimiento eternamente porque
quiera, porque ese sentimiento necesita ser cultivado cada día para seguir sano
y vivo. Si no se cuida se marchita, se va tan rápido como llegó.
Porque podremos ser dueños de muchas cosas, pero nunca
seremos dueños de lo que sentimos. Y a veces la vida nos parece muy puta,
porque soñamos algo con todas nuestras fuerzas y cuando por fin lo conseguimos
nos sentimos vacíos. Ha podido más el morbo que el propio sentimiento. Nos
decimos a nosotros mismos, “pero si tengo lo que quería”, pero la cosa es que ahora eso se ha
convertido en irrelevante.
¿Cómo hacer que algo no se convierta en irrelevante?
Cuidándolo día a día.
Pero dosificando, que no se convierta en obsesión. Porque
esa es otra, tendemos a magnificar los sentimientos, pasamos de cero a cien en
un instante y eso no puede ser sano ya con la misma fuerza llegó así se irá. No
es fácil, pero se debe intentar dosificar el sentimiento para que no sea ni
irrelevante ni destructor.
No, no he cambiado de tema a mitad de entrada van ligados,
volveré al primero.
No esperes a que aquello que espera eche raíces, actúa
cuando es el momento porque puedes
quedarte sin momento. Y será tarde, incluso para arrepentirse.
La mítica frase de nunca es demasiado tarde me parece un gran error de la humanidad, una frase de ilusos perezosos para conformarse otro día más. Experimentarlo y me contáis si es cierto pero yo no me arriesgaría. Sí que hay veces que es demasiado tarde, y o te comes las ganas o te olvidas, pero ya no se puede intentar.Y será tarde, incluso para arrepentirse.
Hoy, el tema de la entrada iba a ser otro, pero estaba viendo un programa de televisión -de esos en el que los ricos enseñan sus casas para sentirse orgullosos y que a ti te entre la envidia (sana) de... Ojalá viviera yo ahí- y me he dicho: éste tema ya iba tocando.
Y es que el lujo es caro, evidentemente. Si quieres algo bueno lo tendrás que pagar, pero la cosa es que no nos conformamos con el importe económico. Nos castigamos a nosotros mismos y nos privamos de su pleno disfrute, pues pesa sobre nuestras cabezas que lo bueno hay que mantenerlo intacto, que su precio hemos pagado y no podemos tratarlo como un objeto normal, no...
¿Por qué digo todo esto? Aquí pongo unos ejemplos cotidianos, seguro que algunos te suenan de haberlos visto en la tele, contándotelo un amigo o incluso vivido por ti mismo.
La vajilla valiosa, esa que normalmente regalan para la boda y que sólo se saca para ocasiones especiales como navidad, una celebración importante, un cumpleaños... Y es que si es la buena, ¿por qué sólo la usamos una vez al año? ¿Tenemos que estar todo el año con una cubertería y vajilla de plástico para no sentirnos culpables si se rompe un plato? Te intimida mientras la usas, ojo le vayas a hacer un rasguño por profundizar más de lo debido el cuchillo en el filete de ternera que te crucifican.
El parqué, que bonito eh, cómodo, suena guay al pisarlo... Esta es una situación personal: allegados a mí se pusieron hace poco un parqué de 4.000 euros nada más y nada menos ¿necesario? Depende. Está muy bien porque, supuestamente, está probado a resistir al fuego, no rayarse... La cosa es que ahora la mayoría de la gente que viene de la calle se tiene que quitar los zapatos, un gesto que a mí, para entrar en una casa, me parece un poco humillante. El cable del portátil, me ponían un paño debajo para que no lo rayara al contacto... ¡Mujer! ¿Pero no está demostrado que no se raya? Las mujeres son más obsesivas con esto, incluso calzan patucos, o se arrastran con zapatillas de estar por casa con paños en la suela ¿pero qué puede rayar la suela de una alpargata? Mon dieu...
Oye y lo mismo pasa con esas alfombras tan fashions de pieles de animales, hechas a medida, a mano... A mí me da hasta pena.
En un crucero lujoso, tengo entendido que cada escalón está valorado en (ahora dudo) si 600 o 6.000 euros (creo que 6.000) porque contienen cristales de swarovski. Dios, si te caes te vas a hacer el mismo daño que si te caes de unos escalones de mármol. Y ojo se te caiga un vaso o algo y lo rajes... ¡que te sale más caro el escalón que el viaje!
Lo mismo pasa con esos pantallones de plasma, móviles super guapos que te cuestan un cojón (y cuya pantalla se va a rallar al caerse al suelo o al llevarlo en el bolso y hacer contacto con las llaves) -este es otro punto, fundas de móviles chulísimas pero sólo por detrás, que lo que es la pantalla sigue estando al descubierto, mucha protección no le veo...-, espejos valiosos, joyas de herencia... Niño, no escribas sobre esa mesa que es de madera de bambú y se raya. Zapatos caros que no te puedes poner un sábado de fiesta por miedo a que te salpiquen con bebida...
¿El punto de esta entrada? Reflexionar. Todos estos objetos lo que nos causan es miedo, miedo a que se rasguñen, damos preferencia a su estado intacto y acabamos subordinándonos a ellos. Porque es eso, ¡nos sometemos a un maldito objeto! Que si someterse a una persona es lamentable, someterse a un objeto...
¿Y merece la pena? Prefiero vivir con mis platos del supermercado si ello me va a hacer que al caérseme al suelo no me miren como si hubiera matado a un ser humano.
Estamos perdiendo nuestra integridad.
No sé vosotros, pero a mí me encanta aprovechar el trayecto en coche para dar rienda suelta a mis preocupaciones inmediatas. El simple hecho de ir de a un sitio (que esté a más de media hora de distancia, si no no merece la pena) viendo el paisaje y con los cascos, deja paso a los pensamientos más cercanos de mi mente. Y puede que sean chorradas, pero es lo que realmente hace ameno el viaje. Pensar en ellos, plantear varias alternativas a la situación, e incluso buscarles solución (aunque luego no vaya a darse tal cosa). No sé si me entendéis.
Te evades del mundo, porque en esos momentos estás circulando no sólo vialmente, sino vitalmente. Eres ajeno a algo más allá de tu coche, puede estar dándose un robo en tu supermercado regular y tú no tendrás noticias de ello hasta que no acabes el trayecto y alguien decida contarte lo sucedido.
El recorrido a veces incrementa su emoción cuando llueve, ver las gotas chocar contra el cristal, resbalar. Como si estuvieran en carrera, y a veces hasta te posicionas del lado de alguna. Simples distracciones. Paisajes que estamos acostumbrados a admirar mientras viajamos, paisajes nuevos, todo se da mientras circulamos. La cosa es saber apreciarlo y emplearlo, porque todo, por muy chorrada que sea, puede inspirarnos en un futuro en algo que debamos hacer.
Es cierto que dicen que si te pones los cascos mientras viajas no prestas atención de la carretera y a veces es mejor no hacerlo, pero otras, te hace evadirte aún más y penetrar en lo más profundo de tu mente sin que el piloto sea consciente de ello. Porque no todo el mundo tiene tiempo o ocasiones para dedicarse íntegramente a su imaginación sin ser interrumpido por el mundo, y esto hay que saber aprovecharlo.
A veces, llega un momento como de desesperación en el
que tienes que aclarar tus ideas y tomar acción, porque no puedes seguir así.
Empiezas a programarlo todo en tu cabeza, cómo será la conversación, qué es lo
que tienes que decir, cuándo lo dirás… Todo, puedes llegar a programarlo todo.
Y en tu cabeza suena bien.
Pareces decidido, llega el momento de pasar a la acción y… “Plash”,
avería en el motor. Te bloqueas, no eres
capaz de llevarlo a cabo. Te lo has pensado demasiado.
Y es que hay que pensar antes de actuar, pero para ser
sensato con lo que se dice. No podemos decidirnos a hacer algo y desertar en el
último minuto. Pensar las cosas demasiado nos hace abandonar su ejecución
porque claro, si nos ponemos a hacer balanza de pros y contras… igual la cosa
no sale como esperamos y fastidiamos algo importante. Y llegará el
arrepentimiento y los remordimientos… aunque en realidad ya tienes ambos, por
el hecho de no haberte atrevido a proceder.
Aparte de perder un tiempo maravilloso aclarando cómo iba a
ser la ejecución, pierdes la oportunidad de saber cómo habrían sido las cosas si
por fin le hubieras echado coraje.
Pienso luego actúo,
pero como no piense rápido… igual ya no me atrevo. A veces hay que dejarse
llevar por los impulsos, puedes salir ganando o igual la cagas, pero ese peso
que te has quitado de encima.
¿Dónde quedó la espontaneidad? Dale un voto de esperanza al azar. Arriesga, y luego ya piensa lo que quieras, o igual ya no tienes nada más que
pensar. Y a otra cosa.
"Porque el camino está lleno de piedras, pero es el camino a seguir, por muchas veces que me caiga al suelo yo me levanto y sigo aquí".
La sociedad está corrompida. Yo no digo que el hombre sea
salvaje por naturaleza ni que sea bueno, será lo que sea gracias a la educación
y/o experiencia que reciba.
Esta entrada ha sido motivada por dos sucesos que he
presenciado esta semana.
En el primero estábamos de fiesta una chica, un chico y yo, cuando
de repente un tío que no conozco de nada le preguntan al chico que qué hace con
esas, con cara de asco y expresión de desacuerdo inclusive.
El segundo, y este me parece muy fuerte, fue durante clase.
Llega una nueva profesora que comienza a pasar lista cuando de repente se para
en una alumna que dejó el centro hace unos meses. De repente, una persona de
clase dice ¿Quién era esa? A lo que sus amigos contestan brillantemente: la del
pelo graso, la tía tiote, la del pelo chico, la gorda, la del pelo graso, la de
las gafas… Lo mejor que se pudo oír fue: la que se sentaba allá (señalando el
sitio).
Lo de la primera situación casi me parece irrelevante porque
se vive a diario, ya es inevitable y no puede cambiarse. Que te miren con asco
es algo normal, sus razones tendrá la persona, por muy poco realistas o
inmaduras que sean. En este caso creo que fue porque el chaval nos había
confundido con otras, chico… replantéate tu vida o ponte gafas (o las dos
cosas).
Lo de la segunda situación me pareció una atrocidad. Y es
que la sociedad ha llegado a un grado en que su maldad es asimilada con total
naturalidad, y como mucho el resto puede reaccionar riéndose ante un comentario
soez. Me da miedo faltar algún día a clase, a saber cómo me describen… Pero si
algo sé seguro es que no se basarán en mi actitud como lo harán en mi físico.
En el fondo todo se reduce a eso, somos unos conformistas,
nos quedamos en la apariencia de las cosas. Pereza tal vez de conocer algo
diferente, que si nos paráramos a conocer igual nos parecería hasta atractivo. Cuando
preguntas quién es alguien no te van a decir: la chica esa que es muy maja, que
va conmigo a clase, que siempre está sonriendo pero que te puede fulminar con
la mirada, te lo van a describir como: la chica esa de las greñas, pecosa, del
culo gordo…
Y así nos conocerán los demás, gente con la que no hemos
hablado en la vida y que tiene una apariencia nuestra respecto a los
comentarios que cuentan el resto, y lo más importante, se guiará por ella. Porque
no le vamos a caer a todo el mundo bien, y según su parecer hacia ti te
retratarán. Y serás odiado por gente con la que ni si quiera has hablado.
Porque en el fondo parece que queramos creer lo que dicen los demás de otros, ¡para
qué te vas a poner a hacer juicios si los hacen por ti! Resignación. Esto se
aprecia sobre todo en los pueblos, cuando todo el mundo habla de ti pero nadie
te conoce, muy razonable.
Diría que me avergüenzo de esta situación, pero es más asco.
Asco de todas estas actitudes que he intentado resumir. Es como cobardía
intelectual, pereza, conformarse con los prejuicios…
Me pasa a veces que me dice la gente: oye qué maja eres, no
pensaba que fueras así, no lo pareces. Brillante razonamiento, si todo fuera lo
que parece… ¿Dónde quedaría el misterio?
No sé si estamos a tiempo de cambiar esta sociedad vacía... y este problema se irá repitiendo generación tras generación. Embárcate en el sendero de la experiencia, conoce. Conoce y
después critica, para bien o para mal, pero ya tendrás un mínimo saber de
aquello de lo que hablas y tu comentario tendrá peso. Porque si no, al final
nos ahogaremos en el mar de la ignorancia, entre tanto prejuicio y conformismo.
Todo comentario afecta, aunque muchas veces se diga que no. Si es el de una persona que no nos conozca y nos llama hipócritas no nos va a doler lo mismo. Pero no utilizará un adjetivo psíquico si no que muy probablemente atacará tu físico. Y poco a poco la sociedad intentará comerse tu personalidad, y si eres fuerte no lo harán, pero cuida también tu autoestima de los vampiros energéticos.
Y que digan de mi lo que quieran, y quien quiera que venga a por mí, por muchas veces que me caiga al suelo yo me levanto y sigo aquí.
Una de las grandes incógnitas de la existencia, ¿Existe el
destino?
Oímos muchas veces decir: ha sido el destino. Para otros el
destino no existe, es mera ilusión, todo sucede porque si partes de la
consecuencia y reúnes cada dato llegas a una causa determinada que explica por
qué las cosas han sucedido así (esto, en mi opinión, resulta un poco enrevesado).
También las religiones se han interesado en él y dan a su creador la voluntad
de dirigirlo. “Maktub”, estaba
escrito. No me voy a poner a debatir sobre dogmas ahora pero, ¿a quién creer? ¿Qué
opción es la más “adecuada”?
Ligado al destino encontramos la casualidad, yo la considero
como su hija. La casualidad se asigna a sucesos cotidianos cuya realización
parece curiosa, como si por el azar se hubieran desarrollado. El destino suele
otorgarse a sucesos más importantes, que tienen al menos una ínfima
trascendencia vital. Yo creo que el destino es más para románticos ¿Por qué
digo esto? Es más bonito creer que has encontrado a tu amado porque el destino
lo puso en tu camino que simplemente porque tu mundo y su mundo estaban
ordenados de tal manera que un siete de abril a las ocho de la tarde tropezarais
en un bar y empezarais a conversar. Luego están aquellos que dicen, estamos destinados
a estar juntos ¿Te vas a quedar sentado toda tu vida esperando que, al destino,
un día le dé por ajuntaros porque sí? Algo tendrás que trabajar tú en ello ¿no?
Amaral dijo: “es el
destino quien nos lleva y nos guía, nos separa y nos une a través de la vida”.
Yo, en cierta manera, sí creo en el destino, pero no como
condicionante definitivo de los hechos de mi vida. Pienso que a veces aparecen personas
en nuestra vida que encontramos casualmente y después se convierten en
necesarias, y eso se lo puedo atribuir al destino pero lo que no puedo
atribuirle es la capacidad para conservarlas, pues soy yo quien he de tratar
con ellas. Lo mismo con conseguir los sueños de tu vida, el destino no va a
regalártelos, iluso, pero igual el esfuerzo, la motivación y la constancia sí.
Ya lo dijo Moulin Rouge. Y es que no hay otra cosa que nos
cree mayor inseguridad. Porque sabemos que amamos, pero, ¿quién nos asegura que
la otra persona también si no nos lo dice-demuestra? Intriga, curiosidad,
miedo, frustración… Esas palabras que nos
dirige, esos hechos, ¿son fruto de una amistad, de una coña, de que nos quiere,
de que nos aprecia tal vez…? ¿Cómo asegurarnos si no es que nos lo dice
claramente? Y la espera puede ser larga, incluso puede no llegar a darse el
momento. Y el amor que tú sientes desgastarse por el simple paso del tiempo,
sin determinación. Dicen que el que no arriesga no gana, también que para
arriesgar hay que tener una mínima conciencia sobre el terreno que se pisa
(tener dos dedos de frente), Entonces, ¿a qué consejo hacer caso? Al de
arriesgar, o al de asegurarse primero, y
¿cómo aseguras? Estamos en la situación del principio…
Por eso lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido. Ya nada más
importa, cualquier otra cosa es secundaria. Amistades, familiares, mascotas,
redes sociales… no pueden aportarnos esa satisfacción vital. Como se aprecia en
la película, ni a la muerte se le teme cuando tienes ese amor. Y en
eso consiste en cierto modo la vida, en encontrarlo. En que se pare el ciclo
del universo y sólo importe la actividad de ésa persona y tú. Es la razón que te motiva a levantarte cada mañana.
Si lo tienes,
aprovéchalo y cuídalo. Si no lo tienes, no lo busques desesperadamente, pues
así no es como se consiguen las cosas. Y si crees conocerlo, házselo saber,
pues si lo intentas te darás cuenta de si es la verdadera fuente de tu
felicidad, a quien no cambiarías por nada ni nadie, por quien te lo jugarías todo sin arrepentirte. Y
quien sabes que haría lo mismo por ti.
No lo hagas y siempre estarás preguntándote cuán fantástico hubiera sido lo vuestro, cuánto te has perdido de vivir con esa persona. No te sentirás hundido, pero sí vacío internamente.
No sé cómo lo hago pero siempre me rodeo de quien menos me
conviene. No es gente con malos hábitos, descerebrada, ni mucho menos.
Simplemente es gente que no encaja con el resto del conjunto.Y es que ya me
perdonaréis, pero yo cuando hago un amigo no lo hago en función de su popularidad,
número de seguidores en Twitter ni porque a todo el mundo le gustaría ser su
amigo. Todavía sigo preguntándome quién elige que una persona deba de ser
popular y otra rechazada. Quizás la popularidad me aburre porque la veo como un
impedimento de poder ser quien eres realmente y someterte a cómo debes ser
porque te lo exige el resto. Quizás esto es, lo que involuntariamente me lleve
a personas más discretas. No lo sé. Pero es que realmente me avergüenzo de la sociedad.
Y hasta me avergüenzo un poco de mí misma al tener que hacer esta entrada, pues
me duele. Me duele porque hay determinadas personas que se hacen llamar tus amigos pero que al verte con esa
otra persona te excluyen (Haters gonna hate). No, no somos la misma persona. Es como una metonimia,
engloban la parte por el todo. Puedo acostumbrarme a que me miren mal, pero que
al menos sea porque yo me lo he ganado. Porque dejáis mucho que desear como
personas, personajes debería
llamaros. Y es que, que te caiga mal una persona con la que voy frecuentemente
lo puedo entender, pero de ahí a que le alejes también de mí por ir con ella me
parece inconcebible. Cada uno busca sus amistades en función a cómo es, con
quién se siente más a gusto… o así debería serlo. Y si a vosotros os mueven
otros intereses, espero que por lo menos os sea productivo y no os ahoguéis
algún día en vuestra maraña de mentiras. Pero yo no voy a renunciar a ser amiga
de nadie simplemente porque a ti no te parezca lo suficientemente cool. Y si
esto mismo le pasa a un amigo mío conmigo, espero que él sea lo suficientemente
maduro como para obrar de la misma forma.
"Friendship is louder than the pressure to be someone".
No sé cómo catalogar al fenómeno producido cuando una persona
adapta actitudes diferentes a cuando está con nosotros a solas a cuando estamos
con más gente. Bipolaridad no podría llamarse. Chocante es, puesto que estas
personas, cuando están sólo con nosotros son muy majas, pasas ratos agradables,
hasta te puedes sincerar con ellas (y viceversa), y hasta hay quien los
denomina amigos. Aunque yo, personalmente, creo que no merecen esa
catalogación. Con ellas todo muy bien, hasta que estamos en un conjunto, no
sólo es que pasen de nosotros como si seres invisibles fuéramos, es que incluso
nos critican, nos excluyen (si hay que hacer una agrupación para algún viaje…).
En definitiva el único criterio que se les puede aplicar a ciencia cierta es interesados. Es una situación incómoda
porque a quien ponen en un compromiso es a ti, ¿cómo debes actuar tú? ¿Cuando
estéis a solas, a seguir como siempre? Esto no puede durar eternamente, porque
te cansas, claro que lo haces. Y no digo que vayas a explotar, y le montes una
buena y le des un ultimátum a ese amigo “peculiar”. Pero llegará un momento que
deben quedar las cosas en claro. Sería interesante su reacción (si alguna vez
me sucede esta disputa os cuento). Yo creo que en realidad son un tipo de
vampiro energético que te va consumiendo a base del desconcierto. Igual hasta
se os ha venido a la mente la figura de alguien, pillines.
Como conclusión decir, que es necesario tratar a todo el
mundo por igual porque todos sabemos ser cabrones y actuar de la misma manera. ¿A
caso te avergüenzas de ser mi amigo en público? En ese caso, no me mereces la
pena (ni como persona ni como nada). Yo creo que no serían capaces de
reconocerlo, pero tampoco debemos dejarnos convencer por sus palabras. Cuidado
con el veneno del vampiro, puede llegar a ser convincente. Debemos ir un paso
por encima de ellos y saber cortar por lo sano, porque si dejas que te traten
como un segundo plato, al final no serás ni las sobras.
Realmente aprecio que la gente se preocupe por mí, pero
hasta cierto punto. ¿Quién no lo ha sufrido? El típico granaco que encima duele. Si aún no ha aparecido, no temas pequeño
lector, llegará, irremediablemente llegará. Los hay más grandes y más pequeños,
se distribuyen por toda la cara siendo más comunes alrededor de nariz y frente.
Sientes cómo se está formando, puedes tocar y percibir un pequeño bollo en la
piel todavía no visible a la vista. Te levantas un día y lo ves, ahí está el
cabrón. Y llega el peor momento, ¡qué tensión! Tienes que salir a la calle,
exponerte a la sociedad, y entonces… ZAS!! Alguien tenía que soltarlo. También
hay diferentes maneras de soltarlo, dependiendo del tacto personal, claro:
-¿Menudo grano te ha salido no?
-Tía, tienes un pedazo de grano que para que._.
-Ala, ala, ala… ¡Lo que te está saliendo ahí! o____Ó
-Chico, ya hace una semana que tienes ese grano y no se te
va ¿eh?
(Algunos te sugieren que lo tapes, o te recomiendan su
método épico: explotarlo, que nunca falla).
(También están los que no paran de mirarlo pero prefieren no
hacer alusiones a él, por lástima más que nada).
Y es en esos momentos cuando dices (o piensas), ¿En serio?
¿¡EN SERIO?! ¿Crees que no me he dado cuenta? ¿Acaso crees que no me miro al
espejo? ¿Que no tengo ningún tipo de reacción al tacto? ¿Que no lo veo
erupcionar?
¡Es un vulcanismo! Símbolo padre de la adolescencia, nos
guste o no… (No creo que a nadie le guste). Bueno, al grano (nunca mejor dicho
JAJAJAJA): que nadie mejor que tú sabe lo que pasa en tu cuerpo, mejor no
opinar sobre las reacciones corporales de otros porque es absurdo. Ya se irá
ese granaco, no le metas presión encima porque algunas personas se acomplejan
con mucha rapidez.
Y esto es todo… ¡A seguir hormonando ladies and gentlemen!
Nota: Vulcanismo ~>Dícese de aquel grano rosáceo que
aparece de vez en cuando por tu cara y desarrolla un ojo de volcán (punto
clave), que es por donde erupciona cuando madura (o cuando lo explotas, ¡guarrón!).
Por lo general duele y a los pocos días desaparece.
Dicen que hay dos tipos de verdades, las de los vencedores y
la de los vencidos. Yo no lo veo así. Hay diferentes maneras de enfocar un
suceso. Es casi seguro que si le preguntas a dos personas por una disputa entre
ellos cada uno te dará una versión, en la que (más acentuadamente o no) se denote él tiene la
razón. ¿Con cuál nos quedamos? Nos falta objetividad. Es casi imposible
encontrar a alguien que te cuente cómo han sucedido las cosas verdaderamente,
reconociendo que se equivocó, que no fue lo suficientemente claro, que no dijo
todo lo que tenía que decir, que le faltaron un par de huevos. Al contrario, se
suele decir: y no le dije nada más porque no la quería liar…Tendemos a
exagerar, nos gusta vanagloriarnos, pero en realidad nosotros sabemos que las
cosas no han pasado realmente de ese modo. ¿Cuál es la finalidad? ¿Conseguir la
admiración ajena? ¿Crear una figura nuestra admirable? ¿Crear fervor a los
demás? ¿Ganarnos su respeto tal vez? Si haces todo esto a lo mejor luego
tendrás una disputa presenciada por un colectivo, y entonces igual esa figura
de valiente, de no le tengo miedo a nadie… se esfuma. Igual quedas en ridículo.
Sé realista. Cuenta las cosas como han sido. Si no, al final llegaremos a un punto
en que no nos creeremos nada que no presenciemos. Aunque a veces sea
vergonzoso, aunque hayamos quedado mal, honremos la verdad.
¿Quién no sufre de ellos de vez en cuando? No son producto
de una enfermedad, llegan sin avisar, te podrás preguntar por qué, pero no
siempre lo sabrás. Muchas cosas nos decepcionan, personas nos abandonan, y
sentimientos del mal afloran. ¿Por qué duele el pecho cuando sufrimos? Atiza más
que un golpe real, da la sensación de que morimos. No debería ser legal. Las
palabras que recogemos y por la mente procesamos se acumulan en el corazón para
causarnos esta sensación.
Que no cunda el pánico, es pasajero, pero en esos momentos
es difícil encontrar consuelo. Decepcionados nos hayamos, sin fuerzas
continuamos, hasta que se vuelve a abrir su camino y se va por donde vino. A
veces nacen de la inseguridad, otras del amor, de la decepción, y no harán
falta muchos motivos para que vuelva el dolor al corazón. Y se sufre, sin
saber, nada que hacer. No existe medicación, hará falta esperanza y motivación para hacerlo perecer.
Agudo dolor en el pecho, siento un agudo dolor en el pecho.
A todos nos rodea un depredador, igual hasta varios.
Personas cuyo genio hace que nuestro genio también se enerve, cuya presencia
crea arrogancia y llega a quemar. Está por encima de nosotros, bien sea por
edad, fuerza, capacidad de humillación, inteligencia, ímpetu… Estos
depredadores son impredecibles, un momento están del mejor humor del mundo y de
repente, a nada que hagas o digas, << bummm>>. Explotó sin siquiera
mecha. Sólo hace falta un simple roce para que empiecen a expedir mierda. Para
qué responder al ciego en cólera, que se grite y se responda a sí mismo, al
aire, ciego de odio expulsa veneno de su boca y salpica, claro que salpica. Lo
mejor es hacerse el sordo, pero que no te vea reírte, que las llamas de su odio
flamearán sobre tu tierna cara. Piden respeto, piensan que no se lo das,
irónico me parece cuando son ellos los que a nada saltan a la yugular. ¿Y luego
qué haces con toda esa mierda que ha espetado su boca? ¿Te cabreas y no le
hablas hasta que se te pase, o haces como si no ha pasado nada? Lo absurdo es
que por mucho que digamos que no nos afecta su vómito de palabras como mínimo cabrea.
Si algo sé es que nunca me echaré la culpa por creer haber desencadenado su
furia, es su naturaleza la que lo hace ser asesino de momentos. Se vive con
estos depredadores, adaptación natural lo llamo yo, pero lo difícil es que
ellos se adapten y cambien.
La cosa será que cuando cambien quede alguien que los
soporte.
Vivir con estas personas tiene que hacernos ver lo que nunca debemos ser.
Mil cosas le pasan al mundo mientras a nosotros nos pasan
las que nos tocan. Vivimos absortos en nosotros y no vemos más allá de eso. Al
igual que un tú día pasas la tarde entera estudiando, esa tarde el gato de tu
vecino del cuarto ha tenido un accidente trabajando y una persona a la cual no
conoces recibe un premio por el ensayo
que le costó dos semanas preparar. Y mientras vivimos las cosas que nos tocan
vivir nadie más sabe lo que nos pasa, y nosotros decidiremos si se lo contamos.
Un día, estás en el instituto como una mañana más, empanándote en literatura y justo
en ese momento “tu abuelo” se está muriendo.
El calvario que están pasando tus familiares que están con
él, la presión del médico diciéndoles: es casi imposible que se salve, la
agonía que él mismo sufre… Y tú mientras
tanto en clase, otro día más como siempre, bostezando y copiando apuntes.
Llegas a tu casa, comes, y por la tarde llaman para darte la noticia.
Se ha salvado, se recuperará.
Y es en ese momento cuando casi no puedes creerte lo que
oyes, ha sido todo muy rápido, te has enterado ya cuando el problema había
terminado. Te hablan con tono calmado, pero ¿Cómo procesas esa información? Tú
no lo has vivido, no sabes el susto que se han llevado, lo que te hubieras
asustado tú… No sientes nada, solo vacío, o como mucho pena. Parece un sueño.
Otro día te pasará a ti algo, se lo contarás a ellos y les
pasará lo mismo. Lo malo ha pasado y sólo el que lo ha vivido es el que lo
sufre. Se alegrarán de que estés bien, pero no pueden hacer otra cosa que no
sea eso, y llamarte para ver cómo vas evolucionando.
Nuestras vidas giran cada una a su ritmo, con sus baches y
sus cambios de velocidad. Mientras tú lees esto, un niño muere de hambre, un
hombre inocente va a la cárcel, un borracho atropella a una mujer en un paso de
cebra, dos locos se enamoran.
Somos redundantes. Me he visto obligada a hacer esta entrada
ya que muchas veces estamos en esta situación, seguro que os ha pasado más de alguna vez, sobre todo en las
redes sociales.
-¡Hola!
+Holaa
-¿Qué tal?
+Bien y tú?
-Bien también, ¿Qué cuentas? J
+Nada aquí y tú?
-Oye puedes pasarme la guía del trabajo de historia que se
me ha perdido?
Recalco esta última frase porque es la clave. He puesto el
ejemplo del trabajo de historia pero es aplicable a cualquier suceso.
Si quieres algo, ¿por qué no me lo has preguntado desde el
principio? Es que además estas cosas a veces se ven venir y la persona queda
hasta mal. Pero eso no es lo peor, imaginaos que cuando preguntas: ¿Qué
cuentas? El otro dijera: Buah, no veas lo que me ha pasado hoy, estaba yendo a
mi casa y de repente (…). ¡Le íbamos a pedir un trabajo y ya nos está contando
la historia de su vida! Y claro, sólo queda escucharla y dejar que acabe para
preguntar por lo otro, que si te urge estás jodido.
Dejemos el decoro y
vayamos al grano, ¡Que no pasa nada! Si necesitas algo pídelo, pero no te enrolles con
amabilidades que no son más que falso interés en la otra persona, porque por lo
menos acabarás antes y no serás visto como un interesado sin interés.
A menudo vemos la frase "buscando el amor" ya sea por las redes sociales, o lo oímos directamente, pero yo creo que no es correcta.
¿Cómo se busca el amor? Una sonrisa que nos impacte, un rostro bello, una personalidad agradable a nuestro parecer... ¿Eso es lo que se busca? Yo nunca me he encontrado directamente con el amor, si alguien ha tenido una conversación con él, o han salido de copas por favor que lo cuente. Es el amor el que nos encuentra a nosotros. Y de repente llega, y lo sientes, y no puedes evitarlo. Puedes preguntarte por qué, puedes no querer querer, pero no es posible. Por mucho que convenzas a tu mente nunca podrás dominar tu corazón. "Te quiero sin querer, porque por más que quiera no quererte, no puedo". Qué molesta situación ¿verdad? Querer enamorarse de alguien, por más buena persona que nos parezca pero no poder y todo lo contrario: enamorarnos, ser conscientes de no deber querer a esa persona y no poder cambiarlo. Y por mucho que digamos hasta aquí hemos llegado, ya no puedo seguir así, ya no miro más tu perfil, me voy a olvidar de ti... no lo haremos, Podemos intentar buscar sustitutos, pero no siempre funciona. Y cuanto más nos esforcemos en negarlo más importancia le estamos dando. De nada sirve convencerse a sí mismo de poder cambiarlo porque no tenemos esa capacidad. Y el día que dejemos de querer no nos enteraremos, dejará de importarnos y después de un tiempo cuando lo veas, ya no verás nada. Y entonces podrás alegrarte, (o llorar, o lo que quieras). Pero no es mérito propio, es el corazón, quien cuando esté preparado lo superará por nosotros.
Hay muchas canciones que hablan de esto, aquí os pongo dos ejemplos
I hate you but I love you
Y para finalizar, la frase de Vestusta Morla que resume este sentimiento: No sé lo que te hace grande, no entiendo de cómo y por qué ♪