domingo, 12 de mayo de 2013
Imaginación vial
No sé vosotros, pero a mí me encanta aprovechar el trayecto en coche para dar rienda suelta a mis preocupaciones inmediatas. El simple hecho de ir de a un sitio (que esté a más de media hora de distancia, si no no merece la pena) viendo el paisaje y con los cascos, deja paso a los pensamientos más cercanos de mi mente. Y puede que sean chorradas, pero es lo que realmente hace ameno el viaje. Pensar en ellos, plantear varias alternativas a la situación, e incluso buscarles solución (aunque luego no vaya a darse tal cosa). No sé si me entendéis.
Te evades del mundo, porque en esos momentos estás circulando no sólo vialmente, sino vitalmente. Eres ajeno a algo más allá de tu coche, puede estar dándose un robo en tu supermercado regular y tú no tendrás noticias de ello hasta que no acabes el trayecto y alguien decida contarte lo sucedido.
El recorrido a veces incrementa su emoción cuando llueve, ver las gotas chocar contra el cristal, resbalar. Como si estuvieran en carrera, y a veces hasta te posicionas del lado de alguna. Simples distracciones. Paisajes que estamos acostumbrados a admirar mientras viajamos, paisajes nuevos, todo se da mientras circulamos. La cosa es saber apreciarlo y emplearlo, porque todo, por muy chorrada que sea, puede inspirarnos en un futuro en algo que debamos hacer.
Es cierto que dicen que si te pones los cascos mientras viajas no prestas atención de la carretera y a veces es mejor no hacerlo, pero otras, te hace evadirte aún más y penetrar en lo más profundo de tu mente sin que el piloto sea consciente de ello. Porque no todo el mundo tiene tiempo o ocasiones para dedicarse íntegramente a su imaginación sin ser interrumpido por el mundo, y esto hay que saber aprovecharlo.
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