Esta no es la entrada que yo quería hacer. Soy de esas
personas que creen que no debes hacer de
nadie tu marca de heroína porque si no puedes llegar a pasarlo muy mal. Depender
de alguien para ser feliz hace que tu vida necesite de ese alguien para tener
sentido y eso es lo que me lleva a decir que hay que ser independiente, ser
dueño de tus sentimientos, no dejarse afectar tanto por las reacciones del otro.
Pero todo esto queda desmontado.
Cuando empiezas una relación, en la que se siente, se crea
un estado de dependencia en el otro involuntariamente. Subordinas algunas de
tus prácticas habituales para estar o hablar con la otra persona, pierdes
tiempo que sabes que deberías invertir en cosas productivas, sabes que te
perjudicas pero aun así decides tomar el riesgo porque no te importa, porque tú
así eres feliz, tienes lo que te hace feliz. Incluso llegas a perder la relación
con algunos de tus familiares o amigos por dedicárselo a esa persona.
Mi conclusión es
sencilla, hay que saber dosificar.
No te debes volcar en una relación y dejar todo lo demás a un lado porque igual
cuando esta acabe miras a tu alrededor y no te queda nada. No debes hacer que
tus emociones dependan de nadie, hay que aprender a controlar, de lo contrario
lo pasarás mal, muy mal. ¿Qué pasa si esa persona te falla? Que te hallas sumido en la miseria. Si te sabes organizar te sabrás mentalizar y sabrás
vivir en armonía encontrando ese dorado punto medio (“aurea mediocritas”).
La dependencia es en cierta parte necesaria, pero también es
necesario no caer en su dominio, porque sino quedarás adicto a esa persona como
si de una droga se tratara, y salir luego de ello podrá convertirse en una
tortura.

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