La sociedad está corrompida. Yo no digo que el hombre sea
salvaje por naturaleza ni que sea bueno, será lo que sea gracias a la educación
y/o experiencia que reciba.
Esta entrada ha sido motivada por dos sucesos que he
presenciado esta semana.
En el primero estábamos de fiesta una chica, un chico y yo, cuando
de repente un tío que no conozco de nada le preguntan al chico que qué hace con
esas, con cara de asco y expresión de desacuerdo inclusive.
El segundo, y este me parece muy fuerte, fue durante clase.
Llega una nueva profesora que comienza a pasar lista cuando de repente se para
en una alumna que dejó el centro hace unos meses. De repente, una persona de
clase dice ¿Quién era esa? A lo que sus amigos contestan brillantemente: la del
pelo graso, la tía tiote, la del pelo chico, la gorda, la del pelo graso, la de
las gafas… Lo mejor que se pudo oír fue: la que se sentaba allá (señalando el
sitio).
Lo de la primera situación casi me parece irrelevante porque
se vive a diario, ya es inevitable y no puede cambiarse. Que te miren con asco
es algo normal, sus razones tendrá la persona, por muy poco realistas o
inmaduras que sean. En este caso creo que fue porque el chaval nos había
confundido con otras, chico… replantéate tu vida o ponte gafas (o las dos
cosas).
Lo de la segunda situación me pareció una atrocidad. Y es
que la sociedad ha llegado a un grado en que su maldad es asimilada con total
naturalidad, y como mucho el resto puede reaccionar riéndose ante un comentario
soez. Me da miedo faltar algún día a clase, a saber cómo me describen… Pero si
algo sé seguro es que no se basarán en mi actitud como lo harán en mi físico.
En el fondo todo se reduce a eso, somos unos conformistas,
nos quedamos en la apariencia de las cosas. Pereza tal vez de conocer algo
diferente, que si nos paráramos a conocer igual nos parecería hasta atractivo. Cuando
preguntas quién es alguien no te van a decir: la chica esa que es muy maja, que
va conmigo a clase, que siempre está sonriendo pero que te puede fulminar con
la mirada, te lo van a describir como: la chica esa de las greñas, pecosa, del
culo gordo…
Y así nos conocerán los demás, gente con la que no hemos
hablado en la vida y que tiene una apariencia nuestra respecto a los
comentarios que cuentan el resto, y lo más importante, se guiará por ella. Porque
no le vamos a caer a todo el mundo bien, y según su parecer hacia ti te
retratarán. Y serás odiado por gente con la que ni si quiera has hablado.
Porque en el fondo parece que queramos creer lo que dicen los demás de otros, ¡para
qué te vas a poner a hacer juicios si los hacen por ti! Resignación. Esto se
aprecia sobre todo en los pueblos, cuando todo el mundo habla de ti pero nadie
te conoce, muy razonable.
Diría que me avergüenzo de esta situación, pero es más asco.
Asco de todas estas actitudes que he intentado resumir. Es como cobardía
intelectual, pereza, conformarse con los prejuicios…
Me pasa a veces que me dice la gente: oye qué maja eres, no
pensaba que fueras así, no lo pareces. Brillante razonamiento, si todo fuera lo
que parece… ¿Dónde quedaría el misterio?
No sé si estamos a tiempo de cambiar esta sociedad vacía... y este problema se irá repitiendo generación tras generación. Embárcate en el sendero de la experiencia, conoce. Conoce y
después critica, para bien o para mal, pero ya tendrás un mínimo saber de
aquello de lo que hablas y tu comentario tendrá peso. Porque si no, al final
nos ahogaremos en el mar de la ignorancia, entre tanto prejuicio y conformismo.
Y que digan de mi lo que quieran, y quien quiera que venga a por mí, por muchas veces que me caiga al suelo yo me levanto y sigo aquí.
Todo comentario afecta, aunque muchas veces se diga que no. Si es el de una persona que no nos conozca y nos llama hipócritas no nos va a doler lo mismo. Pero no utilizará un adjetivo psíquico si no que muy probablemente atacará tu físico. Y poco a poco la sociedad intentará comerse tu personalidad, y si eres fuerte no lo harán, pero cuida también tu autoestima de los vampiros energéticos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario