miércoles, 13 de febrero de 2013

Déficit de objetividad


Dicen que hay dos tipos de verdades, las de los vencedores y la de los vencidos. Yo no lo veo así. Hay diferentes maneras de enfocar un suceso. Es casi seguro que si le preguntas a dos personas por una disputa entre ellos cada uno te dará una versión, en la  que (más acentuadamente o no) se denote él tiene la razón. ¿Con cuál nos quedamos? Nos falta objetividad. Es casi imposible encontrar a alguien que te cuente cómo han sucedido las cosas verdaderamente, reconociendo que se equivocó, que no fue lo suficientemente claro, que no dijo todo lo que tenía que decir, que le faltaron un par de huevos. Al contrario, se suele decir: y no le dije nada más porque no la quería liar…Tendemos a exagerar, nos gusta vanagloriarnos, pero en realidad nosotros sabemos que las cosas no han pasado realmente de ese modo. ¿Cuál es la finalidad? ¿Conseguir la admiración ajena? ¿Crear una figura nuestra admirable? ¿Crear fervor a los demás? ¿Ganarnos su respeto tal vez? Si haces todo esto a lo mejor luego tendrás una disputa presenciada por un colectivo, y entonces igual esa figura de valiente, de no le tengo miedo a nadie… se esfuma. Igual quedas en ridículo. Sé realista. Cuenta las cosas como han sido. Si no, al final llegaremos a un punto en que no nos creeremos nada que no presenciemos. Aunque a veces sea vergonzoso, aunque hayamos quedado mal, honremos la verdad. 

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