domingo, 19 de mayo de 2013

¿Y a eso lo llaman lujo?

Hoy, el tema de la entrada iba a ser otro, pero estaba viendo un programa de televisión -de esos en el que los ricos enseñan sus casas para sentirse orgullosos y que a ti te entre la envidia (sana) de... Ojalá viviera yo ahí- y me he dicho: éste tema ya iba tocando.
Y es que el lujo es caro, evidentemente. Si quieres algo bueno  lo tendrás que pagar, pero la cosa es que no nos conformamos con el importe económico. Nos castigamos a nosotros mismos y nos privamos de su pleno disfrute, pues pesa sobre nuestras cabezas que lo bueno hay que mantenerlo intacto, que su precio hemos pagado y no podemos tratarlo como un objeto normal, no...
¿Por qué digo todo esto? Aquí pongo unos ejemplos cotidianos, seguro que algunos te suenan de haberlos visto en la tele, contándotelo un amigo o incluso vivido por ti mismo.
La vajilla valiosa, esa que normalmente regalan para la boda y que sólo se saca para ocasiones especiales como navidad, una celebración importante, un cumpleaños... Y es que si es la buena, ¿por qué sólo la usamos una vez al año? ¿Tenemos que estar todo el año con una cubertería y vajilla de plástico para no sentirnos culpables si se rompe un plato? Te intimida mientras la usas, ojo le vayas a hacer un rasguño por profundizar más de lo debido el cuchillo en el filete de ternera que te crucifican.
El parqué, que bonito eh, cómodo, suena guay al pisarlo... Esta es una situación personal: allegados a mí se pusieron hace poco un parqué de 4.000 euros nada más y nada menos ¿necesario? Depende. Está muy bien porque, supuestamente, está probado a resistir al fuego, no rayarse... La cosa es que ahora la mayoría de la gente que viene de la calle se tiene que quitar los zapatos, un gesto que a mí, para entrar en una casa, me parece un poco humillante. El cable del portátil, me ponían un paño debajo para que no lo rayara al contacto... ¡Mujer! ¿Pero no está demostrado que no se raya? Las mujeres son más obsesivas con esto, incluso calzan patucos, o se arrastran con zapatillas de estar por casa con paños en la suela ¿pero qué puede rayar la suela de una alpargata? Mon dieu...
Oye y lo mismo pasa con esas alfombras tan fashions de pieles de animales, hechas a medida, a mano... A mí me da hasta pena.
En un crucero lujoso, tengo entendido que cada escalón está valorado en (ahora dudo) si 600 o 6.000 euros (creo que 6.000) porque contienen cristales de swarovski. Dios, si te caes te vas a hacer el mismo daño que si te caes de unos escalones de mármol. Y ojo se te caiga un vaso o algo y lo rajes... ¡que te sale más caro el escalón que el viaje!
Lo mismo pasa con esos pantallones de plasma, móviles super guapos que te cuestan un cojón (y cuya pantalla se va a rallar al caerse al suelo o al llevarlo en el bolso y hacer contacto con las llaves) -este es otro punto, fundas de móviles chulísimas pero sólo por detrás, que lo que es la pantalla sigue estando al descubierto, mucha protección no le veo...-, espejos valiosos, joyas de herencia... Niño, no escribas sobre esa mesa que es de madera de bambú y se raya. Zapatos caros que no te puedes poner un sábado de fiesta por miedo a que te salpiquen con bebida...

¿El punto de esta entrada? Reflexionar. Todos estos objetos lo que nos causan es miedo, miedo a que se rasguñen, damos preferencia a su estado intacto y acabamos subordinándonos a ellos. Porque es eso, ¡nos sometemos a un maldito objeto! Que si someterse a una persona es lamentable, someterse a un objeto...
¿Y merece la pena? Prefiero vivir con mis platos del supermercado si ello me va a hacer que al caérseme al suelo no me miren como si hubiera matado a un ser humano.
Estamos perdiendo nuestra integridad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario