Somos redundantes. Me he visto obligada a hacer esta entrada
ya que muchas veces estamos en esta situación, seguro que os ha pasado más de alguna vez, sobre todo en las
redes sociales.
-¡Hola!
+Holaa
-¿Qué tal?
+Bien y tú?
-Bien también, ¿Qué cuentas? J
+Nada aquí y tú?
-Oye puedes pasarme la guía del trabajo de historia que se
me ha perdido?
Recalco esta última frase porque es la clave. He puesto el
ejemplo del trabajo de historia pero es aplicable a cualquier suceso.
Si quieres algo, ¿por qué no me lo has preguntado desde el
principio? Es que además estas cosas a veces se ven venir y la persona queda
hasta mal. Pero eso no es lo peor, imaginaos que cuando preguntas: ¿Qué
cuentas? El otro dijera: Buah, no veas lo que me ha pasado hoy, estaba yendo a
mi casa y de repente (…). ¡Le íbamos a pedir un trabajo y ya nos está contando
la historia de su vida! Y claro, sólo queda escucharla y dejar que acabe para
preguntar por lo otro, que si te urge estás jodido.
Dejemos el decoro y
vayamos al grano, ¡Que no pasa nada! Si necesitas algo pídelo, pero no te enrolles con
amabilidades que no son más que falso interés en la otra persona, porque por lo
menos acabarás antes y no serás visto como un interesado sin interés.
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