sábado, 22 de junio de 2013

Muerte no es olvido

A cada segundo, en cualquier lugar del planeta, muere alguien. No somos nada. Puedes estar felizmente en tu casa viendo la televisión y sufrir un ataque cerebral, desarrollar un cáncer que te fulmine en poco tiempo, tener una muerte natural…  Hay mil maneras de morir. No importa la edad que tengas ni quién seas.
Puedes vivir una vida maravillosa, rodeada de seres queridos, ser importante para tu círculo. Puede que no seas famoso pero eso no te hace no ser una persona importante. Puedes tener un amor épico, una vida salvaje, mil y una vivencias… pero al final mueres. ¿Y qué queda de ti?
Los famosos al menos reciben algunos minutos de televisión en su homenaje, se emite alguna de sus películas o se les dedica un programa especial, pero ¿y el resto del mundo? ¿Acaso no puede tener una persona normal una vida remarcable?
Pero la muerte llega y se nos lleva completamente, quedamos reducidos a cenizas o en un ataúd bajo tierra y ya está. Producimos dolor en nuestros seres queridos sí, pero eso pasa y no somos más que papeleo para ellos. Cambiar el titular de la cuenta del banco, repartir sus efectos personales, donar sus cosas a la caridad… Morimos y encima generamos un buen ajetreo de papeles, y a eso quedamos reducidos.
Ya no queda nada nuestro, todo es repartido, ¿o sí queda algo? Independientemente de cuándo o cómo muera yo espero que me recuerden por cómo soy y lo que he podido transmitir y que eso perdure en el tiempo, porque “alguien sólo muere cuando deja de ser recordado”. Y por eso espero que al menos una minoría me recuerde, que quede patente algo de esa vida que para algo viví, si no ¿qué función tiene la existencia?

Cuando alguien muere hay que acostumbrarse a vivir sin su presencia, pero borrar su recuerdo me parece un gesto cruel, si de una persona importante en nuestra vida. Porque si así es, seguro que nos ha dejado algo que quede grabado en nuestro corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario