"Es tiempo de cambiar, it's time to change".
Es tan grande el salto en todos los sentidos que me hace
preguntarme qué lo impulsa. Y es que uno pasa de tener quince años a tener
dieciséis sin mayores cambios, pero pasar de tener diecisiete a tener dieciocho
marca toda tu posterior existencia.
El último de tus días como persona con diecisiete años eres
menor de edad, no puedes entrar a según qué discotecas, no puedes consumir
alcohol, tampoco tabaco, necesitas el consentimiento de tus padres, al menos un
tutor legal… en definitiva, eres menor de edad.
Y veinticuatro horas después puedes hacer todo esto libremente, incluso
puedes sacarte el carnet del coche ¡E ir a la cárcel! Se supone que ya eres
independiente, maduro, mayor de edad. Sólo se supone.
¿Alcanza uno la madurez al cumplir los dieciocho? Ya lo
dudo. Cada uno madura cuando le llega el momento según las circunstancias de su
vida. Hacerte mayor no va hacerte más responsable, las experiencias que vivas
sí.
Y es que los dieciocho ya es una edad considerable para ser
mayor de edad, pero yo lo pienso y nada ha cambiado en tan sólo unos días. Pero
los dieciocho te obligan a madurar, te enseñan que es necesario que dejes de
pensar como un niño y actúes como un adulto porque ya lo eres. Porque aunque no
quieras tu vida va a cambiar.
Nueva ciudad, nuevo lugar donde vivir, nuevo entorno para
estudiar, nuevas compañías… todo esto va a comenzar. Quién sabe lo que se
quedará atrás.
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