A veces, llega un momento como de desesperación en el
que tienes que aclarar tus ideas y tomar acción, porque no puedes seguir así.
Empiezas a programarlo todo en tu cabeza, cómo será la conversación, qué es lo
que tienes que decir, cuándo lo dirás… Todo, puedes llegar a programarlo todo.
Y en tu cabeza suena bien.
Pareces decidido, llega el momento de pasar a la acción y… “Plash”,
avería en el motor. Te bloqueas, no eres
capaz de llevarlo a cabo. Te lo has pensado demasiado.
Y es que hay que pensar antes de actuar, pero para ser
sensato con lo que se dice. No podemos decidirnos a hacer algo y desertar en el
último minuto. Pensar las cosas demasiado nos hace abandonar su ejecución
porque claro, si nos ponemos a hacer balanza de pros y contras… igual la cosa
no sale como esperamos y fastidiamos algo importante. Y llegará el
arrepentimiento y los remordimientos… aunque en realidad ya tienes ambos, por
el hecho de no haberte atrevido a proceder.
Aparte de perder un tiempo maravilloso aclarando cómo iba a
ser la ejecución, pierdes la oportunidad de saber cómo habrían sido las cosas si
por fin le hubieras echado coraje.
Pienso luego actúo,
pero como no piense rápido… igual ya no me atrevo. A veces hay que dejarse
llevar por los impulsos, puedes salir ganando o igual la cagas, pero ese peso
que te has quitado de encima.
¿Dónde quedó la espontaneidad? Dale un voto de esperanza al azar. Arriesga, y luego ya piensa lo que quieras, o igual ya no tienes nada más que
pensar. Y a otra cosa.
"Dejarse llevar suena demasiado bien"
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