Una de las grandes incógnitas de la existencia, ¿Existe el
destino?
Oímos muchas veces decir: ha sido el destino. Para otros el
destino no existe, es mera ilusión, todo sucede porque si partes de la
consecuencia y reúnes cada dato llegas a una causa determinada que explica por
qué las cosas han sucedido así (esto, en mi opinión, resulta un poco enrevesado).
También las religiones se han interesado en él y dan a su creador la voluntad
de dirigirlo. “Maktub”, estaba
escrito. No me voy a poner a debatir sobre dogmas ahora pero, ¿a quién creer? ¿Qué
opción es la más “adecuada”?
Ligado al destino encontramos la casualidad, yo la considero
como su hija. La casualidad se asigna a sucesos cotidianos cuya realización
parece curiosa, como si por el azar se hubieran desarrollado. El destino suele
otorgarse a sucesos más importantes, que tienen al menos una ínfima
trascendencia vital. Yo creo que el destino es más para románticos ¿Por qué
digo esto? Es más bonito creer que has encontrado a tu amado porque el destino
lo puso en tu camino que simplemente porque tu mundo y su mundo estaban
ordenados de tal manera que un siete de abril a las ocho de la tarde tropezarais
en un bar y empezarais a conversar. Luego están aquellos que dicen, estamos destinados
a estar juntos ¿Te vas a quedar sentado toda tu vida esperando que, al destino,
un día le dé por ajuntaros porque sí? Algo tendrás que trabajar tú en ello ¿no?
Amaral dijo: “es el
destino quien nos lleva y nos guía, nos separa y nos une a través de la vida”.
Yo, en cierta manera, sí creo en el destino, pero no como
condicionante definitivo de los hechos de mi vida. Pienso que a veces aparecen personas
en nuestra vida que encontramos casualmente y después se convierten en
necesarias, y eso se lo puedo atribuir al destino pero lo que no puedo
atribuirle es la capacidad para conservarlas, pues soy yo quien he de tratar
con ellas. Lo mismo con conseguir los sueños de tu vida, el destino no va a
regalártelos, iluso, pero igual el esfuerzo, la motivación y la constancia sí.
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