Hoy me he hecho esta pregunta al
ver dos caras de un problema. No tienen la misma intensidad, aunque no dejan de
ser problemas, y cada uno es manejado de una forma diferente.
Supongo que cada uno tiene una
manera de ser y en eso depende de cómo reaccione ante las adversidades pero, ¿realmente
necesitamos a alguien que nos ayude o sólo nosotros mismos podemos salir del
agujero? ¿Quién puede ayudarnos?
Soy una persona que no cuenta sus
problemas más graves al resto, aunque en el que me encuentro sumergida era
inevitable que se enterara mi entorno, y me ha sorprendido la reacción de algún
familiar. Gente con la que no tenía apenas relación, familiares que veo una vez
al año y de pasada, o que no veo en años están tratando de ayudarme. La verdad
me parece curioso, no sé si es porque realmente se interesan por mí o porque
hablan desde la voz de la experiencia, ellos son adultos y han pasado por esto,
saben lo que es. El caso es que intentan ayudarme aunque yo no me dejo mucho.
No porque no quiera, sino porque creo que el problema es mío y siempre he sido
yo quien me ha rescatado.
Los amigos te tienen lástima pero
no pueden llegar a empatizar, te sacan de casa un rato pero, ¿pueden realmente
sacarte del agujero? Mucho deben intentarlo, muy bien deben conocerte, plena
voluntad han de tener para intentarlo. Yo en mi caso no lo barajo porque mis
amistades tienen sus vidas y otras prioridades. Me animan, sí, pero no pueden llegar
a accionar el botón de “salir a flote”.
Por mucho que familiares y amigos
intenten sacarme de casa voy a volver y el mal va a seguir estando ahí. No sé
si lo que necesito es un tiempo de sufrimiento y resurgiré de las cenizas cuando
no queden lágrimas, el caso es que creo que no debemos dejar que sean otros los
que luchen por nosotros. Si alguien quiere salir del pozo saldrá cuando tenga
que salir, con esfuerzo y sufrimiento, no cuando agentes externos lo quieran
sacar, pues igual lo ahogan por el camino.
Toda ayuda es buena pero también
es presión. A mí no me gusta que me fuercen y no me gusta que la gente “se vea
en la obligación” de animarme, pues no me gusta deberle nada a nadie. Con esto
no quiero decir que no es bueno tener a alguien que te apoye, lo es, es casi
necesario tener a alguien con quien desahogarte. Pero nunca olvides que el
problema es tuyo y sólo en ti está el camino a la superficie, aunque todavía no
lo conozcas. Si no creemos más en nosotros mismos y en nuestra fuerza de
voluntad acabaremos necesitando ayuda hasta para atarnos los cordones.
“Acepta la ayuda de fuera, pero
no olvides que es tu problema. Tú debes de ser el que lo enfrenta, tú debes ser
quién lo resuelva”.

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