viernes, 17 de julio de 2015

Sácale partido a la soledad


La Real Academia Española define la soledad como carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Esa es la primera acepción. Y bien, es que es muy distinto estar solo por voluntad que estarlo cuando un factor externo te priva de alguien. Está muy bien estar solo por un tiempo pero creo que el ser humano necesita socializarse para dar sentido a su vida. Por otro lado, cuando una persona decide apartarse de nosotros porque hemos tenido un problema con ellos puede llegar a dolernos mucho ya que estábamos acostumbrados a su compañía. La soledad nos da miedo porque implica cambio, y algunos somos muy reticentes a este.
La tercera acepción que da la Real Academia Española es la siguiente: pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo. Soledad es pesar. La soledad duele pero es necesaria. Creo que todo el mundo necesita de ella para valorar al resto de la población, sino seríamos unos insensibles con nuestros prójimos. De la soledad se puede aprender, yo estoy tomando partido de ella.
Estoy en un período de cambio; tengo que encontrarme a mí misma. Pero no puedo decir que todo en mi soledad sea negativo, estoy haciendo cosas que antes no era capaz de hacer. He ido sola a un concierto en mi pueblo, e incluso he ido sola a la piscina. Esto a algunos les parecerá una chorrada pero yo sé de mucha gente que no tiene el valor de hacerlo.
A veces el estar solos nos fuerza a luchar por cosas que cuando “somos más felices” no damos nada. He pasado días en mi casa sin salir porque mis amigas no podían, pero como yo estaba bien me aburría en casa y no salía. Esto es diferente cuando no te sientes del todo bien. Cuando tu cabeza no para de dar vueltas luchas con los principios de tu yo interior y te fuerzas a hacer aquello que de normal te daría apuro. Sales a correr, vas solo un sitio público…
Y es que de la soledad también se aprende. A veces necesitamos estar solos para reencontrarnos con nosotros mismos, para recobrar el rumbo, para cambiar y abrirnos. Quién sabe si algún día de esos que salimos solos no vamos a conocer a alguien que merezca la pena, habrá que intentarlo, ¿no? Deja pie a la casualidad, o al destino, a lo que creas más.
Además puedes sacar partido de la soledad. Puedes leer aquello para lo que antes no tenías tiempo, puedes descubrir tu ciudad o pueblos vecinos, rutas curiosas de tu propio pueblo. Puedes escribir aquello para lo que encontrabas inspiración pero no tiempo. Explora, porque la soledad también te abandonará y volverás a estar ocupado.

Y si estás solo en este momento no te maldigas diciendo lo solo que estás porque eso no va a cambiar nada, como mucho te sentirás más miserable. Piensa qué puedes hacer para dejar de estarlo y lucha para llegar a ello “le digo adiós a la tristeza ¡gracias por la compañía pero debemos dejarlo, princesa!”.

Seguiremos en pie, ni sus armas, ni su pasta, ni su mensaje.
No, ni su voluntad de guerra fría en mi fuego de ideas,
ni sus parciales verdades, no a su sutil engranaje.
Mientras nos recordamos el porqué hay que luchar,
la vida es bella, habrá que encontrar el lugar,
es nuestra respuesta, levantamos la vista,
¡No hay pausa, solo coraje!

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