sábado, 31 de diciembre de 2016

El terror de decirlo en voz alta

Me parece que hay una gran polémica sobre decir o no te quiero y cuándo. Y me parece un tanto absurdo. Creo que esto es otro de los grandes ideales que nos han implantado tantas series y películas, sin olvidarnos de libros. Me acuerdo del marido de Mrs. Dalloway, que nunca tuvo el valor de decirle te quiero, pero sí de comprarle flores. Me acuerdo de la primera vez que lo dije yo y de la primera vez que me lo dijeron. Pero he de decir que pienso que pareces estar sometido a juicio con este tema.
No creo que sea tan difícil decirle a alguien te quiero sabiendo a ciencia cierta que es así. Tan cierto como que el amor no se grita, se demuestra, es que no hay nada malo en decirlo alguna vez. Pero damos demasiada importancia a la primera vez que lo declaramos en voz alta.
Hay veces que no me siento capaz de decirlo porque no sé cómo va a reaccionar la otra persona aunque creo que no pasaría absolutamente nada. Si él no dijera que me quiere después, tampoco se acabaría el mundo. Porque sé que me quiere, porque me lo demuestra todos los días.
Vemos parejas en ficción que rompen porque al menos uno de los dos no es capaz de decir dos simples palabras. Creo que es jugársela demasiado. El amor no se proclama por obligación ni por miedo, pero tampoco se esconde por esto.
Pienso que es bonito hacerlo evidente y una vez que se rompe la barrera de la primera vez está todo masticado. ¿Pero cuándo es un buen momento para decirlo por primera vez? Cuando tengas la necesidad. Creo que llega un momento en que necesitas decirle a esa persona que le quieres. Hayan pasado tres meses o diez desde que empezasteis. Y así, a la vez, te habrás quitado esa superstición de encima.
También se le da mucha importancia a la reacción de la otra persona. Sólo diré como dice una canción de Vetusta Morla, dejarse llevar suena demasiado bien. Hazlo natural, sin miedo a reacciones. Mientras no se vaya corriendo y no vuelva nunca, todo estará bien.

No creemos dramas porque no nos lo digan en el mismo momento. Cada uno está preparado a su tiempo. 

domingo, 30 de octubre de 2016

Soy más que una tirita

Me quema la falta de  reconocimiento.  Cuando hago algo no espero nada a cambio. Te escucho porque sé que tienes un problema y necesitas desahogarte. A veces eres realmente cargante, me llenas a mí con tu asco, me envuelves en tu paranoia y luego me escupes. Y repetimos el proceso cuantas veces te sea necesario. Yo te escucho cuando estás mal pero no cuando estás bien, y ése es el problema.
Me harta la gente que sólo te habla de sus malestares. Ni todo es bueno ni todo es malo. Todos tenemos nuestros altibajos al cabo del día, pero yo estoy cansada de ser el recurso ante la rayada, la persona a la que acudes cuando algo no va bien. Y el resto del tiempo ignoras.
Es indignante hablarle a alguien y que te responda con monosílabos. ¿Qué tal? Bien, bien. ¿Ahora no me cuentas por qué estás bien? La clave de este tipo de personas es que sólo te hablan cuando  ellas quieren, cuando están aburridas en muchos casos.
Me da mucha rabia que os quejéis de gente que de repente se ha ido de vuestros lados. Inundáis las redes sociales con “indirectas” muy directas hacia esas personas y no os dais cuenta que estáis cayendo mucho más bajo que ellos.
Os convertís en hipócritas al indignaros porque alguien os ha dejado mientras no sois lo suficientemente capaces de daros cuenta quiénes son los que os están apoyando en estos momentos.
Nos usáis como tiritas hasta que estáis lo suficientemente bien. Ya no necesito contarte mi mierda, si eso ya volveré durante el próximo problema. Y mientras tanto, todo este tiempo, no me voy a acordar de ti.
Pues cansa, cansa muchísimo. Y a veces me hace entender (desde otra perspectiva) por qué se fueron de vuestro lado. A lo mejor yo no estoy para tu próxima rayada, ¿vas a inundar tus redes sociales de mensajes hacia mí también? No lo creo. No creo que sea lo suficientemente importante para ti, porque si no, me darías un poco de ese tiempo que inviertes en odiar a gente que no va a volver.
Me quema la falta de reconocimiento del tiempo que he invertido en ti pudiendo haber hecho otras muchas cosas. Lo hice porque yo sí me preocupo por ti, o me preocupaba hasta que me di cuenta que soy algo mejor que algo  que te cura y desechas. Podía haber sido la siguiente persona a la que le cogiste tanto cariño como para pasarlo tan mal cuando se fue, pero he perdido las ganas de intentar serlo. 


Estáis perdiendo el tiempo, el sentido, y a mucha gente.

miércoles, 24 de agosto de 2016

"Felicidades"

Cada persona tiene un modo distinto de manejar su cumpleaños. Para algunxs es un horror porque se hacen viejxs, a veces ni reconocen la fecha, para otrxs es un día como otro cualquiera, también están los que protegen la fecha contra la sociedad y se la callan, y en el otro extremo están los que lo celebran como lo que es: la alegría de estar vivo un año más, si estás sano.

A mí no me avergüenza decir que me tomo mi cumpleaños como un día especial. No se estudia un 24 de agosto. Hasta ahí todo bien. El problema está con el entorno. A veces se crea un conflicto con cómo quieres celebrar tú tu cumpleaños y cómo va a actuar el resto. En mi caso este año he decidido alejarme de todo vampiro energético que te felicita con un triste y seco: felicidades. Que parece que les haya costado la vida escribir y en el que casi pones más énfasis tú respondiendo que ellos escribiéndolo. Este año también he querido evitar a todos aquellos que te felicitan porque Facebook se lo recuerda, y con esto amigos, he reducido las felicitaciones en picado. Pero efectivamente, era lo que yo quería. Que me felicitara alguien que realmente se acordara de que hoy es mi cumpleaños.
Cuidado, que a mí a veces me pasa que sé  que es el cumpleaños de unx amigx y se me puede olvidar felicitarlx porque no sé en qué día vivo. Yo ya no busco felicitaciones de nadie. Si un amigx míx no se acuerda de felicitarme, no me voy a enfadar con él/ella.

Evitando recibir felicitaciones con buenos deseos forzados, pasamos al siguiente nivel: hacer de tu día un buen día. Y esto, queridos amigos, es lo realmente complicado. Igual es absurdo, pero si tienes que discutir conmigo, busca otro día. Deja el drama por un rato. Ni es el momento ni creo que me lo merezca, al menos no hoy.

Evidentemente no podemos actuar por el resto y si tienen ganas de tralla te la van a dar. ¿Ya habrá mejores cumpleaños? Seamos conscientes, cuando no es el momento, no es el momento.


Hay más de trescientos días para sacar cosas en cara, elije con moderación. Con esto no digo que acumules mierda, simplemente que tengas un poco de consciencia en cómo le puedes afectar a esa persona. Que otro día igual le da igual discutir, pero en su cumpleaños, no. 

Be careful with the lyrics

Estaba ahora mismo escuchando música, para pasar el rato, sin más. Porque tenía un momento libre y tenía que aprovecharlo. El caso es que me he dado cuenta de que la música nos influye. Menuda novedad, pensarás. A lo que me refiero es que normalmente asociamos canciones a momentos, decimos que las canciones tienen letras increíbles, básicamente le hacemos caso a las letras. Y hay que tener cuidado con esto.

Precisamente he escuchado seguidas dos canciones muy diferentes, una se llamaba “Vuelve” y la otra “El mundo sigue girando” y lo que me ha quedado claro es que según por cuál te dejes influenciar vas a actuar de una manera u otra. La primera decía algo así como que “vuelve por favor, me duele que no estés”, la segunda todo lo contrario: que la gente se va pero por muy duro que sea el golpe lo superaremos y saldremos con fuerza.

Simplemente me ha parecido curioso y esto me ha llevado a preocuparme por cómo enfocar las cosas. Si hacemos caso de la primera vamos a ahogarte en tu agonía, incluso a lo mejor perdemos la dignidad intentando recuperar a alguien (sé que no tiene por qué ser así, pero puede, según cuánto caso hagamos a la letra), si haces caso a la segunda, puedo decir con certeza que te va a dar una motivación extra para intentar salir adelante.

Lo que quiero decir con todo esto es que las canciones al fin y al cabo son eso, canciones. Estimulan nuestros sentimientos y yo creo que hay que tener mucho cuidado con malas interpretaciones de estas. Nunca hay que basar una decisión de nuestra vida basada en lo que piense Carlos Baute, por ejemplo. Cada persona tiene una experiencia personal y una circunstancia concreta que le hará pensar de una manera determinada y no nos lo podemos aplicar a nuestra realidad, porque seguro no es la misma.


Escucha música, diviértete, yo también escucho música alegre cuando quiero bailar o triste cuando estoy triste, pero no por eso me creo esas letras o actuaré dependiendo de lo que ellas digan. Motivación ante todo. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Cuando todo lo que crees es un "ojalá"


Aspiro a cosas, algunas superfluas y también a diferentes objetivos, unos de ellos demasiado elevados que no confío en que algún día vaya a llegar a llevar a cabo; otros de ellos que tampoco creo poder llegar a cumplir por mucho que el resto está convencido de que es evidente que lo haré.

Tal vez ese es el problema, que no confío en mí, en mis posibilidades y en mis habilidades. Voy a empezar el cuarto año de carrera, sólo he suspendido una asignatura en estos tres años y todavía no creo que vaya a ser capaz de terminar. De acabar este grado en el que nunca estuve a gusto pero en el que, me crea o no, soy de las mejores de mi año. Muchos de los pocos que saben de esta preocupación me dicen que no sea tonta, que es evidente que el año que viene tendré mi título. Yo, sin embargo, sólo puedo pensar: “ojalá” y seguir viéndolo como algo demasiado incierto.

Nunca doy nada por sentado. Si hay que elegir entre el sí y el no, elijo el no, pues la confianza no es mi fuerte. Tanta inseguridad me ha quitado ya varios de mis grandes sueños. Algunos de ellos renacen a veces y pienso si son espejismos, si todavía sigo queriendo hacer esas cosas, si podría intentarlo y tener éxito ahora… No llego a ninguna conclusión, me quedo siempre con la duda.
No me creo nada. Ni creo que tenga buenas dotes para la escritura, ni creo que pudiera triunfar en el mundo de la interpretación, ni me sé imponer, ni sé cuál es mi verdadera meta en mi vida, ni el oficio al que estoy realmente hecha para dedicarme. En definitiva, toda la gran energía que tengo, ser nervio puro, no me sirve de nada, de nada útil.

El problema está localizado, desde hace muchos años. Recuerdo ir a atletismo y practicar salto de longitud y no llegar a la arena sólo por miedo de hacerme daño al quedarme en el bordillo del tartán.
Es obvio. Si no crees que puedes, nunca podrás. Y yo no puedo, todavía no. Debería empezar a creer un poco en mí. Con modestia siempre, nadie habla de grandes ambiciones ni altos egos, simplemente reconocer tus méritos y ser consciente de que sin ello no llegas a ningún sitio.

Tal vez el miedo a la desilusión que conlleva el fracaso me hace aferrarme a la complacencia de creer que no lo conseguiré y si después lo consigo la alegría será… ¿mayor? Creo que eso a lo único que lleva es a no creer nunca en tus verdaderas cualidades.


Creo que hay que creer en uno mismo.

martes, 12 de julio de 2016

No se puede luchar contra la falta de ganas

En la vida se puede luchar contra muchas cosas. Puedes luchar contra enfermedades, contra actitudes negativas, contra prejuicios, contra injusticias, contra pronósticos, tengas éxito o no. Pero si hay algo contra lo que no se puede luchar es contra la falta de ganas.
 Creo que, aunque complicado y doloroso, se puede luchar cuando dejas de sentir algo por una persona para intentar recuperarlo. ¿Recomendable? No lo sé. Pero mientras halla ganas todo es posible. Lo que no se puede es luchar por los demás.
Cada uno aportamos nuestro grano de arena en los conflictos vitales mientras rodemos al sol, pero no podemos luchar por otros. Cuando una persona pierde las ganas, dejas de importarle, yo creo que no hay más remedio que rendirse y dejarla ir.
Y es doloroso, muy doloroso, pero necesario. De otra manera acabaremos volviéndonos locos. Es algo que no depende de ti. Puedes intentar hacer que esa persona abra los ojos, intente luchar, pero sólo ella tiene la exclusiva voluntad de hacerlo.
Dejar ir a alguien porque ya no te valora como mereces es muy duro. Pero no podemos estancarnos en una persona que no nos da lo que necesitamos. Estaríamos perdiendo el tiempo, y eso, amigos, es algo que no podemos permitirnos. No prolongues la agonía, y menos por miedo a la soledad. Pasarlo mal es inevitable, pero cuanto más tardes en actuar más tardarás en empezar a recuperarte y seguir hacia delante, creciendo.

“And I’m gonna miss you like a child misses its blanket, but I have to move on with my life”.

jueves, 19 de mayo de 2016

Pase lo que pase

Existen en la vida un grupo particular de personas cuya cuantía numérica, según mi parecer, es escasa, que merecen un pequeño reconocimiento al mérito.
Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, lo cierto es que si posees a una de estas personas en tu vida deberías valorarla. 
El error es que somos ignorantes, y siguiendo los pasos de Rousseau, me aventuro a decir que por eso somos crueles al no actuar con ellas como merecen.
Tampoco son dioses, dejemos tanto elogio y pasemos a decir por qué deberían de tener nuestra consideración sincera.
Todos, tarde o temprano, bajamos. Tenemos problemas, dificultades, malas rachas y la presencia de alguien a nuestro alrededor es casi necesaria. Aportan calor y un punto de vista diferente al nuestro que, según mi opinión, nos hace curar más rápido.
Tener eso es una reliquia. Hay gente que tiene más disponibilidad que otra, pero que saquen tiempo para ti debe ser valorado.
. En ocasiones te distancias de una persona pero sabes que pase lo que pase estarías ahí para ella cuando te necesitara. El problema es que cuando a ti te pase algo ella no lo esté.  A veces esperamos el calor de gente que considerábamos cercana aunque ya no lo sea pero a la que seguimos teniendo aprecio, y esto no sucede. 
Esto es lo típico, por eso digo que si conoces a una de esas personas que pese a la distancia, el tiempo, o algún desencuentro que hayas tenido con ellas, va a estar ahí cuando de verdad necesites a alguien, aprécialo. Aunque no se lo digas, que deberías también hacerle saber que lo valoras, pero lo importante, sé consciente de que no es fácil. 
No es fácil encontrar este tipo de personas, no es alta su cantidad numérica y no es fácil olvidar conflictos del pasado y estar ahí haya pasado lo que sea que haya pasado entre vosotros.