Aspiro a cosas, algunas superfluas y también a diferentes
objetivos, unos de ellos demasiado elevados que no confío en que algún día vaya
a llegar a llevar a cabo; otros de ellos que tampoco creo poder llegar a
cumplir por mucho que el resto está convencido de que es evidente que lo haré.
Tal vez ese es el problema, que no confío en mí, en mis
posibilidades y en mis habilidades. Voy a empezar el cuarto año de carrera,
sólo he suspendido una asignatura en estos tres años y todavía no creo que vaya
a ser capaz de terminar. De acabar este grado en el que nunca estuve a gusto
pero en el que, me crea o no, soy de las mejores de mi año. Muchos de los pocos
que saben de esta preocupación me dicen que no sea tonta, que es evidente que
el año que viene tendré mi título. Yo, sin embargo, sólo puedo pensar: “ojalá”
y seguir viéndolo como algo demasiado incierto.
Nunca doy nada por sentado. Si hay que elegir entre el sí y
el no, elijo el no, pues la confianza no es mi fuerte. Tanta inseguridad me ha
quitado ya varios de mis grandes sueños. Algunos de ellos renacen a veces y
pienso si son espejismos, si todavía sigo queriendo hacer esas cosas, si podría
intentarlo y tener éxito ahora… No llego a ninguna conclusión, me quedo siempre
con la duda.
No me creo nada. Ni creo que tenga buenas dotes para la
escritura, ni creo que pudiera triunfar en el mundo de la interpretación, ni me
sé imponer, ni sé cuál es mi verdadera meta en mi vida, ni el oficio al que
estoy realmente hecha para dedicarme. En definitiva, toda la gran energía que
tengo, ser nervio puro, no me sirve de nada, de nada útil.
El problema está localizado, desde hace muchos años.
Recuerdo ir a atletismo y practicar salto de longitud y no llegar a la arena
sólo por miedo de hacerme daño al quedarme en el bordillo del tartán.
Es obvio. Si no crees que puedes, nunca podrás. Y yo no
puedo, todavía no. Debería empezar a creer un poco en mí. Con modestia siempre,
nadie habla de grandes ambiciones ni altos egos, simplemente reconocer tus
méritos y ser consciente de que sin ello no llegas a ningún sitio.
Tal vez el miedo a la desilusión que conlleva el fracaso me
hace aferrarme a la complacencia de creer que no lo conseguiré y si después lo
consigo la alegría será… ¿mayor? Creo que eso a lo único que lleva es a no
creer nunca en tus verdaderas cualidades.
Creo que hay que creer en uno mismo.
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