miércoles, 24 de agosto de 2016

"Felicidades"

Cada persona tiene un modo distinto de manejar su cumpleaños. Para algunxs es un horror porque se hacen viejxs, a veces ni reconocen la fecha, para otrxs es un día como otro cualquiera, también están los que protegen la fecha contra la sociedad y se la callan, y en el otro extremo están los que lo celebran como lo que es: la alegría de estar vivo un año más, si estás sano.

A mí no me avergüenza decir que me tomo mi cumpleaños como un día especial. No se estudia un 24 de agosto. Hasta ahí todo bien. El problema está con el entorno. A veces se crea un conflicto con cómo quieres celebrar tú tu cumpleaños y cómo va a actuar el resto. En mi caso este año he decidido alejarme de todo vampiro energético que te felicita con un triste y seco: felicidades. Que parece que les haya costado la vida escribir y en el que casi pones más énfasis tú respondiendo que ellos escribiéndolo. Este año también he querido evitar a todos aquellos que te felicitan porque Facebook se lo recuerda, y con esto amigos, he reducido las felicitaciones en picado. Pero efectivamente, era lo que yo quería. Que me felicitara alguien que realmente se acordara de que hoy es mi cumpleaños.
Cuidado, que a mí a veces me pasa que sé  que es el cumpleaños de unx amigx y se me puede olvidar felicitarlx porque no sé en qué día vivo. Yo ya no busco felicitaciones de nadie. Si un amigx míx no se acuerda de felicitarme, no me voy a enfadar con él/ella.

Evitando recibir felicitaciones con buenos deseos forzados, pasamos al siguiente nivel: hacer de tu día un buen día. Y esto, queridos amigos, es lo realmente complicado. Igual es absurdo, pero si tienes que discutir conmigo, busca otro día. Deja el drama por un rato. Ni es el momento ni creo que me lo merezca, al menos no hoy.

Evidentemente no podemos actuar por el resto y si tienen ganas de tralla te la van a dar. ¿Ya habrá mejores cumpleaños? Seamos conscientes, cuando no es el momento, no es el momento.


Hay más de trescientos días para sacar cosas en cara, elije con moderación. Con esto no digo que acumules mierda, simplemente que tengas un poco de consciencia en cómo le puedes afectar a esa persona. Que otro día igual le da igual discutir, pero en su cumpleaños, no. 

Be careful with the lyrics

Estaba ahora mismo escuchando música, para pasar el rato, sin más. Porque tenía un momento libre y tenía que aprovecharlo. El caso es que me he dado cuenta de que la música nos influye. Menuda novedad, pensarás. A lo que me refiero es que normalmente asociamos canciones a momentos, decimos que las canciones tienen letras increíbles, básicamente le hacemos caso a las letras. Y hay que tener cuidado con esto.

Precisamente he escuchado seguidas dos canciones muy diferentes, una se llamaba “Vuelve” y la otra “El mundo sigue girando” y lo que me ha quedado claro es que según por cuál te dejes influenciar vas a actuar de una manera u otra. La primera decía algo así como que “vuelve por favor, me duele que no estés”, la segunda todo lo contrario: que la gente se va pero por muy duro que sea el golpe lo superaremos y saldremos con fuerza.

Simplemente me ha parecido curioso y esto me ha llevado a preocuparme por cómo enfocar las cosas. Si hacemos caso de la primera vamos a ahogarte en tu agonía, incluso a lo mejor perdemos la dignidad intentando recuperar a alguien (sé que no tiene por qué ser así, pero puede, según cuánto caso hagamos a la letra), si haces caso a la segunda, puedo decir con certeza que te va a dar una motivación extra para intentar salir adelante.

Lo que quiero decir con todo esto es que las canciones al fin y al cabo son eso, canciones. Estimulan nuestros sentimientos y yo creo que hay que tener mucho cuidado con malas interpretaciones de estas. Nunca hay que basar una decisión de nuestra vida basada en lo que piense Carlos Baute, por ejemplo. Cada persona tiene una experiencia personal y una circunstancia concreta que le hará pensar de una manera determinada y no nos lo podemos aplicar a nuestra realidad, porque seguro no es la misma.


Escucha música, diviértete, yo también escucho música alegre cuando quiero bailar o triste cuando estoy triste, pero no por eso me creo esas letras o actuaré dependiendo de lo que ellas digan. Motivación ante todo. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Cuando todo lo que crees es un "ojalá"


Aspiro a cosas, algunas superfluas y también a diferentes objetivos, unos de ellos demasiado elevados que no confío en que algún día vaya a llegar a llevar a cabo; otros de ellos que tampoco creo poder llegar a cumplir por mucho que el resto está convencido de que es evidente que lo haré.

Tal vez ese es el problema, que no confío en mí, en mis posibilidades y en mis habilidades. Voy a empezar el cuarto año de carrera, sólo he suspendido una asignatura en estos tres años y todavía no creo que vaya a ser capaz de terminar. De acabar este grado en el que nunca estuve a gusto pero en el que, me crea o no, soy de las mejores de mi año. Muchos de los pocos que saben de esta preocupación me dicen que no sea tonta, que es evidente que el año que viene tendré mi título. Yo, sin embargo, sólo puedo pensar: “ojalá” y seguir viéndolo como algo demasiado incierto.

Nunca doy nada por sentado. Si hay que elegir entre el sí y el no, elijo el no, pues la confianza no es mi fuerte. Tanta inseguridad me ha quitado ya varios de mis grandes sueños. Algunos de ellos renacen a veces y pienso si son espejismos, si todavía sigo queriendo hacer esas cosas, si podría intentarlo y tener éxito ahora… No llego a ninguna conclusión, me quedo siempre con la duda.
No me creo nada. Ni creo que tenga buenas dotes para la escritura, ni creo que pudiera triunfar en el mundo de la interpretación, ni me sé imponer, ni sé cuál es mi verdadera meta en mi vida, ni el oficio al que estoy realmente hecha para dedicarme. En definitiva, toda la gran energía que tengo, ser nervio puro, no me sirve de nada, de nada útil.

El problema está localizado, desde hace muchos años. Recuerdo ir a atletismo y practicar salto de longitud y no llegar a la arena sólo por miedo de hacerme daño al quedarme en el bordillo del tartán.
Es obvio. Si no crees que puedes, nunca podrás. Y yo no puedo, todavía no. Debería empezar a creer un poco en mí. Con modestia siempre, nadie habla de grandes ambiciones ni altos egos, simplemente reconocer tus méritos y ser consciente de que sin ello no llegas a ningún sitio.

Tal vez el miedo a la desilusión que conlleva el fracaso me hace aferrarme a la complacencia de creer que no lo conseguiré y si después lo consigo la alegría será… ¿mayor? Creo que eso a lo único que lleva es a no creer nunca en tus verdaderas cualidades.


Creo que hay que creer en uno mismo.