¿No os habéis fijado que siempre
que alguien rompe con su pareja alguien le dice: “te mereces algo mejor” o “un
clavo saca otro clavo”? Hemos nacido para ser sustituidos.
Tan triste como cierto. Somos
personas dependientes, no de otras personas (ahí el error) sino de lo que estas
nos aportan. Cuando una ya no puede ofrecernos algo vamos corriendo a buscarlo
en otra, y así sucesivamente.
Creemos no poder vivir sin una
persona, pero tarde o temprano esa persona desaparece y ¿qué hacemos? Recurrir
a otras para saciar ese vacío interior que sentimos. Algunos lo hacen al día
siguiente, otros pasan una temporada solos, doliendo en silencio, pero finalmente,
y a lo mejor involuntariamente, también se apoyan en otros.
No digo que esté mal, pero es
triste. Es triste que lo que piensas que sólo una persona puede aportarte en
realidad te lo puede aportar otra. Buscamos no sentirnos solos, la soledad nos
da miedo, a veces encontramos sustitutos más perjudiciales pero nos sentimos a
salvo. A salvo del tormento de la ausencia.
No es que sea malo sustituir a
alguien, es inevitable, pero es triste. Luego algo te pasará con el sustituto y
encontrarás al sustituto del sustituto. ¿No estaremos en realidad huyendo del
dolor? ¿No hay acaso que sentirse mal de vez en cuando para aprender?
No digo que te evadas del mundo,
que no confíes en nadie, simplemente valora. Valora a la persona que se quedó
tantas horas dándote conversación porque tú estabas mal, porque habías
discutido con tu novio. Valora a aquel que queda contigo cualquier día a
cualquier hora, para no hacer nada en concreto. Valora a esa persona que
siempre que le mandas un mensaje contesta al momento. Valora todo eso porque
igual mañana pierdes a esa persona y empiezas a correr hacia otra porque no
puedes sostenerte tú solo. Luego ya aprenderás que no es tan difícil hacer
equilibrio. Y quizás algún día aprenderás a ayudar a otros a sostenerse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario