jueves, 10 de septiembre de 2015

La entrada del cambio


Llevo alrededor de once meses planteándome esta entrada y a día de hoy todavía no sé enfrentarla. Quizás por respeto, por no querer polémica, también decía que no tenía tiempo o que no llegaba la inspiración suficiente para un tema tan grande. He llegado a la conclusión de que el problema es que no entiendo el cambio. Y no hay más.
Hay muchos cambios y aquí vamos a hablar del cambio psicológico. El de dentro. El que se refleja al exterior con nuestra actitud. En mis últimos años me he declarado fiel observadora de la sociedad, eso me ha llevado a examinar muchos comportamientos y quedar asombrada con algunos de ellos. He visto personas transformarse, cambiar, tener comportamientos contradictorios e incluso personas que cambian más de una vez en un año. Brutal.
 Digo que no entiendo el cambio porque si una persona es como es no entiendo cómo llega a convertirse en algo que contradice sus principios. Es esta transformación la que me descoloca. ¿Qué te hace cambiar de ideales? Algo muy fuerte ha de haber pasado en tu vida, si no, no lo asimilo (y aun así tampoco).
Decir “no voy a cambiar nunca” es como decir “forever”, nulo. Todo el mundo cambia. No hay nada malo en cambiar determinados aspectos de ti. Puedes interesarte en cosas que antes no te llamaban la atención, puedes acabar aborreciendo algo que te gustaba… pero lo que no puedes es cambiar  tus principios. Los principios son la esencia de una persona. Los caracteres que nos hacen únicos.
Por eso yo digo que me gusta una persona, pero si cambia, ya no te puedo asegurar que la vaya a seguir apreciando, pues igual ha perdido esos caracteres que yo admiraba. Y esto es duro. Es duro ver como alguien que admiras pierde su don, se corrompe y es ahora vacío como el resto. Es duro ver cómo alguien pierde su brillo para pasarse al bando de lo común. O ver cómo desarrolla facetas nuevas, desconocidas hasta ahora, que consideramos detestables.
Algo que más odio del cambio es que la gente cambia a peor. Y esto es así. Si cambia a mejor, yo lo llamo maduración, y es parte de la evolución de una persona. Pero el cambio es diferente. La maduración llega con los daños que sufre una persona. Al cambio no sé cómo llega. Quizás necesito sufrirlo para saberlo. Ya escribiré si esto sucede, aunque lo peor de todo es que igual es demasiado tarde y me pasa como al resto. Que no me doy cuenta de que he cambiado.
No puedo entender que una persona no reconozca que ha cambiado sus principios. Esto me hace replantearme que no eran nada sólidos. Que era débil, inestable. Que está perdido, y perderse no es una justificación, ya hablaremos de ello más adelante.
Sigo diciendo que no sé de dónde viene el cambio pero sí espero que sea involuntario. Que no os deforméis por voluntad propia, porque eso sí ya sería lamentable.
No puedo prometer que no voy a cambiar, sólo espero no hacerlo. Heráclito dijo algo así: con el paso del tiempo, lo único que no cambia es que todo cambia.
Así que por favor, las experiencias traumáticas, los giros que dé vuestra vida, siempre van a ser una constante. No caigáis en su delirio. Luchad por vuestros principios, luchad por vosotros mismos y estaréis luchando por quienes os aprecian.

La esencia es esencial.



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