Llevo alrededor de once meses planteándome esta entrada y a día de hoy todavía no sé enfrentarla. Quizás por respeto, por no querer polémica, también decía que no tenía tiempo o que no llegaba la inspiración suficiente para un tema tan grande. He llegado a la conclusión de que el problema es que no entiendo el cambio. Y no hay más.
Hay muchos cambios y aquí vamos a
hablar del cambio psicológico. El de dentro. El que se refleja al exterior con
nuestra actitud. En mis últimos años me he declarado fiel observadora de la
sociedad, eso me ha llevado a examinar muchos comportamientos y quedar
asombrada con algunos de ellos. He visto personas transformarse, cambiar, tener
comportamientos contradictorios e incluso personas que cambian más de una vez
en un año. Brutal.
Digo que no entiendo el cambio porque si una
persona es como es no entiendo cómo llega a convertirse en algo que contradice
sus principios. Es esta transformación la que me descoloca. ¿Qué te hace
cambiar de ideales? Algo muy fuerte ha de haber pasado en tu vida, si no, no lo
asimilo (y aun así tampoco).
Decir “no voy a cambiar nunca” es
como decir “forever”, nulo. Todo el mundo cambia. No hay nada malo en cambiar
determinados aspectos de ti. Puedes interesarte en cosas que antes no te
llamaban la atención, puedes acabar aborreciendo algo que te gustaba… pero lo
que no puedes es cambiar tus principios.
Los principios son la esencia de una persona. Los caracteres que nos hacen
únicos.
Por eso yo digo que me gusta una
persona, pero si cambia, ya no te puedo asegurar que la vaya a seguir
apreciando, pues igual ha perdido esos caracteres que yo admiraba. Y esto es
duro. Es duro ver como alguien que admiras pierde su don, se corrompe y es
ahora vacío como el resto. Es duro ver cómo alguien pierde su brillo para
pasarse al bando de lo común. O ver cómo desarrolla facetas nuevas,
desconocidas hasta ahora, que consideramos detestables.
Algo que más odio del cambio es
que la gente cambia a peor. Y esto es así. Si cambia a mejor, yo lo llamo
maduración, y es parte de la evolución de una persona. Pero el cambio es
diferente. La maduración llega con los daños que sufre una persona. Al cambio
no sé cómo llega. Quizás necesito sufrirlo para saberlo. Ya escribiré si esto
sucede, aunque lo peor de todo es que igual es demasiado tarde y me pasa como
al resto. Que no me doy cuenta de que he cambiado.
No puedo entender que una persona
no reconozca que ha cambiado sus principios. Esto me hace replantearme que no
eran nada sólidos. Que era débil, inestable. Que está perdido, y perderse no es una justificación, ya hablaremos de ello más adelante.
Sigo diciendo que no sé de dónde
viene el cambio pero sí espero que sea involuntario. Que no os deforméis por
voluntad propia, porque eso sí ya sería lamentable.
No puedo prometer que no voy a
cambiar, sólo espero no hacerlo. Heráclito dijo algo así: con el paso del
tiempo, lo único que no cambia es que todo cambia.
Así que por favor, las
experiencias traumáticas, los giros que dé vuestra vida, siempre van a ser una
constante. No caigáis en su delirio. Luchad por vuestros principios, luchad por
vosotros mismos y estaréis luchando por quienes os aprecian.
La esencia es esencial.

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