“Estoy perdido”. ¿Nunca has dicho
esto? Yo creo que todos en algún momento de nuestra vida lo pensamos. Cambios,
traumas, decisiones… todo esto nos marea y acaba por desorientarnos. A veces no
sabemos cómo seguir, no sabemos cuál es la salida y acabamos actuando
inconscientemente.
El problema viene cuando estamos
tan perdidos que se nos va de las manos. Por mucho que no sepamos cómo
enfrentar al presente, por mucho que lo que estamos viviendo sea nuevo, no
podemos actuar sin pensar en la repercusión de tus actos. No podemos justificarnos
diciendo “es que estoy perdido”. Hasta que encontremos el camino, ¿cuánto vamos
a autodestruirnos? ¿A cuántas personas nos vamos a llevar por delante?
Nadie tiene porqué soportar
nuestra desorientación. No podemos caer en usar esta situación como excusa de
un comportamiento reprobable ¿estás perdido o has perdido el juicio? No nos
engañemos. Por mucho que el presente nos venga grande no podemos renunciar a la
cordura. Nadie tiene porqué sufrir porque nosotros estemos experimentando
nuevas sensaciones y se nos esté yendo de las manos.
Ya lo dijo Macaco: acción - reacción - repercusión. Lo que hagas no va a pesar menos porque estés confundido. Piérdete buscando el camino pero
que sea para encontrar uno mejor, porque si no, igual que te pierdes a ti mismo,
otras personas pierden la esperanza en ti.
La realidad golpea. Vemos lo que ocurre, como el mundo
fluye, como nos hace fluir, como no manejamos el movimiento de los demás. En
alguna ocasión nos hace divisar lo que no estamos preparados para contemplar,
pero hay que hacerlo. Hay que verlo por mucho que duela porque taparse los ojos
es el camino fácil, el camino al engaño, incluso a la idealización. Debemos
tener los ojos bien abiertos y ser objetivos. La realidad quema y deja
cicatriz. Y es esa cicatriz la que, cuando cure, nos servirá de mapa que
marcará el camino.
Lo pienso y cambio de opinión. Es más sano desconectar,
olvidar, ignorar… pero no nos encamina hacia delante. Creo que hay que
aguantar, herirse con el presente, odiar, llenarse de asco… y así avanzar. Porque
es la frustración la que nos alimenta, a base de ver lo que no quieres ver ves
un futuro limpio. Donde sabes qué quieres y a quién no. Llegará un día que no necesites ver más de lo
que ya has visto, puede que ya lo hayas visto todo, pero mientras tanto
imprégnate de los sentimientos que te transmite.
Y mañana saldrá el sol, aunque tú hoy no lo sepas, y la
herida será menos mortal de lo que lo fue ayer. Esa mañana puede ser dentro de
una semana, dentro de un año, y para llegar a ella tienes que tener los ojos muy
bien abiertos, y estar preparado para ver lo que anhelas pero, sobre todo, lo
que no deseas.
Entrada de referencia: http://imaginacionextasiada.blogspot.com.es/2015/08/se-vive-mejor-en-la-ignorancia.html
Llevo alrededor de once meses
planteándome esta entrada y a día de hoy todavía no sé enfrentarla. Quizás por
respeto, por no querer polémica, también decía que no tenía tiempo o que no
llegaba la inspiración suficiente para un tema tan grande. He llegado a la
conclusión de que el problema es que no entiendo el cambio. Y no hay más.
Hay muchos cambios y aquí vamos a
hablar del cambio psicológico. El de dentro. El que se refleja al exterior con
nuestra actitud. En mis últimos años me he declarado fiel observadora de la
sociedad, eso me ha llevado a examinar muchos comportamientos y quedar
asombrada con algunos de ellos. He visto personas transformarse, cambiar, tener
comportamientos contradictorios e incluso personas que cambian más de una vez
en un año. Brutal.
Digo que no entiendo el cambio porque si una
persona es como es no entiendo cómo llega a convertirse en algo que contradice
sus principios. Es esta transformación la que me descoloca. ¿Qué te hace
cambiar de ideales? Algo muy fuerte ha de haber pasado en tu vida, si no, no lo
asimilo (y aun así tampoco).
Decir “no voy a cambiar nunca” es
como decir “forever”, nulo. Todo el mundo cambia. No hay nada malo en cambiar
determinados aspectos de ti. Puedes interesarte en cosas que antes no te
llamaban la atención, puedes acabar aborreciendo algo que te gustaba… pero lo
que no puedes es cambiar tus principios.
Los principios son la esencia de una persona. Los caracteres que nos hacen
únicos.
Por eso yo digo que me gusta una
persona, pero si cambia, ya no te puedo asegurar que la vaya a seguir
apreciando, pues igual ha perdido esos caracteres que yo admiraba. Y esto es
duro. Es duro ver como alguien que admiras pierde su don, se corrompe y es
ahora vacío como el resto. Es duro ver cómo alguien pierde su brillo para
pasarse al bando de lo común. O ver cómo desarrolla facetas nuevas,
desconocidas hasta ahora, que consideramos detestables.
Algo que más odio del cambio es
que la gente cambia a peor. Y esto es así. Si cambia a mejor, yo lo llamo
maduración, y es parte de la evolución de una persona. Pero el cambio es
diferente. La maduración llega con los daños que sufre una persona. Al cambio
no sé cómo llega. Quizás necesito sufrirlo para saberlo. Ya escribiré si esto
sucede, aunque lo peor de todo es que igual es demasiado tarde y me pasa como
al resto. Que no me doy cuenta de que he cambiado.
No puedo entender que una persona
no reconozca que ha cambiado sus principios. Esto me hace replantearme que no
eran nada sólidos. Que era débil, inestable. Que está perdido, y perderse no es una justificación, ya hablaremos de ello más adelante.
Sigo diciendo que no sé de dónde
viene el cambio pero sí espero que sea involuntario. Que no os deforméis por
voluntad propia, porque eso sí ya sería lamentable.
No puedo prometer que no voy a
cambiar, sólo espero no hacerlo. Heráclito dijo algo así: con el paso del
tiempo, lo único que no cambia es que todo cambia.
Así que por favor, las
experiencias traumáticas, los giros que dé vuestra vida, siempre van a ser una
constante. No caigáis en su delirio. Luchad por vuestros principios, luchad por
vosotros mismos y estaréis luchando por quienes os aprecian.
¿No os habéis fijado que siempre
que alguien rompe con su pareja alguien le dice: “te mereces algo mejor” o “un
clavo saca otro clavo”? Hemos nacido para ser sustituidos.
Tan triste como cierto. Somos
personas dependientes, no de otras personas (ahí el error) sino de lo que estas
nos aportan. Cuando una ya no puede ofrecernos algo vamos corriendo a buscarlo
en otra, y así sucesivamente.
Creemos no poder vivir sin una
persona, pero tarde o temprano esa persona desaparece y ¿qué hacemos? Recurrir
a otras para saciar ese vacío interior que sentimos. Algunos lo hacen al día
siguiente, otros pasan una temporada solos, doliendo en silencio, pero finalmente,
y a lo mejor involuntariamente, también se apoyan en otros.
No digo que esté mal, pero es
triste. Es triste que lo que piensas que sólo una persona puede aportarte en
realidad te lo puede aportar otra. Buscamos no sentirnos solos, la soledad nos
da miedo, a veces encontramos sustitutos más perjudiciales pero nos sentimos a
salvo. A salvo del tormento de la ausencia.
No es que sea malo sustituir a
alguien, es inevitable, pero es triste. Luego algo te pasará con el sustituto y
encontrarás al sustituto del sustituto. ¿No estaremos en realidad huyendo del
dolor? ¿No hay acaso que sentirse mal de vez en cuando para aprender?
No digo que te evadas del mundo,
que no confíes en nadie, simplemente valora. Valora a la persona que se quedó
tantas horas dándote conversación porque tú estabas mal, porque habías
discutido con tu novio. Valora a aquel que queda contigo cualquier día a
cualquier hora, para no hacer nada en concreto. Valora a esa persona que
siempre que le mandas un mensaje contesta al momento. Valora todo eso porque
igual mañana pierdes a esa persona y empiezas a correr hacia otra porque no
puedes sostenerte tú solo. Luego ya aprenderás que no es tan difícil hacer
equilibrio. Y quizás algún día aprenderás a ayudar a otros a sostenerse.