domingo, 27 de septiembre de 2015

Perderse

“Estoy perdido”. ¿Nunca has dicho esto? Yo creo que todos en algún momento de nuestra vida lo pensamos. Cambios, traumas, decisiones… todo esto nos marea y acaba por desorientarnos. A veces no sabemos cómo seguir, no sabemos cuál es la salida y acabamos actuando inconscientemente.
El problema viene cuando estamos tan perdidos que se nos va de las manos. Por mucho que no sepamos cómo enfrentar al presente, por mucho que lo que estamos viviendo sea nuevo, no podemos actuar sin pensar en la repercusión de tus actos. No podemos justificarnos diciendo “es que estoy perdido”. Hasta que encontremos el camino, ¿cuánto vamos a autodestruirnos? ¿A cuántas personas nos vamos a llevar por delante?
Nadie tiene porqué soportar nuestra desorientación. No podemos caer en usar esta situación como excusa de un comportamiento reprobable ¿estás perdido o has perdido el juicio? No nos engañemos. Por mucho que el presente nos venga grande no podemos renunciar a la cordura. Nadie tiene porqué sufrir porque nosotros estemos experimentando nuevas sensaciones y se nos esté yendo de las manos.

Ya lo dijo Macaco: acción - reacción - repercusión. Lo que hagas no va a pesar menos porque estés confundido. Piérdete buscando el camino pero que sea para encontrar uno mejor, porque si no, igual que te pierdes a ti mismo, otras personas pierden la esperanza en ti.

martes, 15 de septiembre de 2015

Ve


La realidad golpea. Vemos lo que ocurre, como el mundo fluye, como nos hace fluir, como no manejamos el movimiento de los demás. En alguna ocasión nos hace divisar lo que no estamos preparados para contemplar, pero hay que hacerlo. Hay que verlo por mucho que duela porque taparse los ojos es el camino fácil, el camino al engaño, incluso a la idealización. Debemos tener los ojos bien abiertos y ser objetivos. La realidad quema y deja cicatriz. Y es esa cicatriz la que, cuando cure, nos servirá de mapa que marcará el camino.
Lo pienso y cambio de opinión. Es más sano desconectar, olvidar, ignorar… pero no nos encamina hacia delante. Creo que hay que aguantar, herirse con el presente, odiar, llenarse de asco… y así avanzar. Porque es la frustración la que nos alimenta, a base de ver lo que no quieres ver ves un futuro limpio. Donde sabes qué quieres y a quién no.  Llegará un día que no necesites ver más de lo que ya has visto, puede que ya lo hayas visto todo, pero mientras tanto imprégnate de los sentimientos que te transmite.

Y mañana saldrá el sol, aunque tú hoy no lo sepas, y la herida será menos mortal de lo que lo fue ayer. Esa mañana puede ser dentro de una semana, dentro de un año, y para llegar a ella tienes que tener los ojos muy bien abiertos, y estar preparado para ver lo que anhelas pero, sobre todo, lo que no deseas.

Entrada de referencia: http://imaginacionextasiada.blogspot.com.es/2015/08/se-vive-mejor-en-la-ignorancia.html

jueves, 10 de septiembre de 2015

La entrada del cambio


Llevo alrededor de once meses planteándome esta entrada y a día de hoy todavía no sé enfrentarla. Quizás por respeto, por no querer polémica, también decía que no tenía tiempo o que no llegaba la inspiración suficiente para un tema tan grande. He llegado a la conclusión de que el problema es que no entiendo el cambio. Y no hay más.
Hay muchos cambios y aquí vamos a hablar del cambio psicológico. El de dentro. El que se refleja al exterior con nuestra actitud. En mis últimos años me he declarado fiel observadora de la sociedad, eso me ha llevado a examinar muchos comportamientos y quedar asombrada con algunos de ellos. He visto personas transformarse, cambiar, tener comportamientos contradictorios e incluso personas que cambian más de una vez en un año. Brutal.
 Digo que no entiendo el cambio porque si una persona es como es no entiendo cómo llega a convertirse en algo que contradice sus principios. Es esta transformación la que me descoloca. ¿Qué te hace cambiar de ideales? Algo muy fuerte ha de haber pasado en tu vida, si no, no lo asimilo (y aun así tampoco).
Decir “no voy a cambiar nunca” es como decir “forever”, nulo. Todo el mundo cambia. No hay nada malo en cambiar determinados aspectos de ti. Puedes interesarte en cosas que antes no te llamaban la atención, puedes acabar aborreciendo algo que te gustaba… pero lo que no puedes es cambiar  tus principios. Los principios son la esencia de una persona. Los caracteres que nos hacen únicos.
Por eso yo digo que me gusta una persona, pero si cambia, ya no te puedo asegurar que la vaya a seguir apreciando, pues igual ha perdido esos caracteres que yo admiraba. Y esto es duro. Es duro ver como alguien que admiras pierde su don, se corrompe y es ahora vacío como el resto. Es duro ver cómo alguien pierde su brillo para pasarse al bando de lo común. O ver cómo desarrolla facetas nuevas, desconocidas hasta ahora, que consideramos detestables.
Algo que más odio del cambio es que la gente cambia a peor. Y esto es así. Si cambia a mejor, yo lo llamo maduración, y es parte de la evolución de una persona. Pero el cambio es diferente. La maduración llega con los daños que sufre una persona. Al cambio no sé cómo llega. Quizás necesito sufrirlo para saberlo. Ya escribiré si esto sucede, aunque lo peor de todo es que igual es demasiado tarde y me pasa como al resto. Que no me doy cuenta de que he cambiado.
No puedo entender que una persona no reconozca que ha cambiado sus principios. Esto me hace replantearme que no eran nada sólidos. Que era débil, inestable. Que está perdido, y perderse no es una justificación, ya hablaremos de ello más adelante.
Sigo diciendo que no sé de dónde viene el cambio pero sí espero que sea involuntario. Que no os deforméis por voluntad propia, porque eso sí ya sería lamentable.
No puedo prometer que no voy a cambiar, sólo espero no hacerlo. Heráclito dijo algo así: con el paso del tiempo, lo único que no cambia es que todo cambia.
Así que por favor, las experiencias traumáticas, los giros que dé vuestra vida, siempre van a ser una constante. No caigáis en su delirio. Luchad por vuestros principios, luchad por vosotros mismos y estaréis luchando por quienes os aprecian.

La esencia es esencial.



viernes, 4 de septiembre de 2015

We are born to be replaced

¿No os habéis fijado que siempre que alguien rompe con su pareja alguien le dice: “te mereces algo mejor” o “un clavo saca otro clavo”? Hemos nacido para ser sustituidos.
Tan triste como cierto. Somos personas dependientes, no de otras personas (ahí el error) sino de lo que estas nos aportan. Cuando una ya no puede ofrecernos algo vamos corriendo a buscarlo en otra, y así sucesivamente.
Creemos no poder vivir sin una persona, pero tarde o temprano esa persona desaparece y ¿qué hacemos? Recurrir a otras para saciar ese vacío interior que sentimos. Algunos lo hacen al día siguiente, otros pasan una temporada solos, doliendo en silencio, pero finalmente, y a lo mejor involuntariamente, también se apoyan en otros.
No digo que esté mal, pero es triste. Es triste que lo que piensas que sólo una persona puede aportarte en realidad te lo puede aportar otra. Buscamos no sentirnos solos, la soledad nos da miedo, a veces encontramos sustitutos más perjudiciales pero nos sentimos a salvo. A salvo del tormento de la ausencia.
No es que sea malo sustituir a alguien, es inevitable, pero es triste. Luego algo te pasará con el sustituto y encontrarás al sustituto del sustituto. ¿No estaremos en realidad huyendo del dolor? ¿No hay acaso que sentirse mal de vez en cuando para aprender?

No digo que te evadas del mundo, que no confíes en nadie, simplemente valora. Valora a la persona que se quedó tantas horas dándote conversación porque tú estabas mal, porque habías discutido con tu novio. Valora a aquel que queda contigo cualquier día a cualquier hora, para no hacer nada en concreto. Valora a esa persona que siempre que le mandas un mensaje contesta al momento. Valora todo eso porque igual mañana pierdes a esa persona y empiezas a correr hacia otra porque no puedes sostenerte tú solo. Luego ya aprenderás que no es tan difícil hacer equilibrio. Y quizás algún día aprenderás a ayudar a otros a sostenerse.