domingo, 21 de abril de 2013

Tanto pensar... no es bueno


A veces, llega un momento como de desesperación en el que tienes que aclarar tus ideas y tomar acción, porque no puedes seguir así. Empiezas a programarlo todo en tu cabeza, cómo será la conversación, qué es lo que tienes que decir, cuándo lo dirás… Todo, puedes llegar a programarlo todo. Y en tu cabeza suena bien.
Pareces decidido, llega el momento de pasar a la acción y… “Plash”, avería en el motor.  Te bloqueas, no eres capaz de llevarlo a cabo. Te lo has pensado demasiado.
Y es que hay que pensar antes de actuar, pero para ser sensato con lo que se dice. No podemos decidirnos a hacer algo y desertar en el último minuto. Pensar las cosas demasiado nos hace abandonar su ejecución porque claro, si nos ponemos a hacer balanza de pros y contras… igual la cosa no sale como esperamos y fastidiamos algo importante. Y llegará el arrepentimiento y los remordimientos… aunque en realidad ya tienes ambos, por el hecho de no haberte atrevido a proceder.
Aparte de perder un tiempo maravilloso aclarando cómo iba a ser la ejecución, pierdes la oportunidad de saber cómo habrían sido las cosas si por fin le hubieras echado coraje.
Pienso luego actúo, pero como no piense rápido… igual ya no me atrevo. A veces hay que dejarse llevar por los impulsos, puedes salir ganando o igual la cagas, pero ese peso que te has quitado de encima.
¿Dónde quedó la espontaneidad? Dale un voto de esperanza al azar. Arriesga, y luego ya piensa lo que quieras, o igual ya no tienes nada más que pensar. Y a otra cosa.
"Dejarse llevar suena demasiado bien"

viernes, 12 de abril de 2013

Prejuzgo luego ataco

"Porque el camino está lleno de piedras, pero es el camino a seguir, por muchas veces que me caiga al suelo yo me levanto y sigo aquí".


La sociedad está corrompida. Yo no digo que el hombre sea salvaje por naturaleza ni que sea bueno, será lo que sea gracias a la educación y/o experiencia que reciba.
Esta entrada ha sido motivada por dos sucesos que he presenciado esta semana.
En el primero estábamos de fiesta una chica, un chico y yo, cuando de repente un tío que no conozco de nada le preguntan al chico que qué hace con esas, con cara de asco y expresión de desacuerdo  inclusive.
El segundo, y este me parece muy fuerte, fue durante clase. Llega una nueva profesora que comienza a pasar lista cuando de repente se para en una alumna que dejó el centro hace unos meses. De repente, una persona de clase dice ¿Quién era esa? A lo que sus amigos contestan brillantemente: la del pelo graso, la tía tiote, la del pelo chico, la gorda, la del pelo graso, la de las gafas… Lo mejor que se pudo oír fue: la que se sentaba allá (señalando el sitio).
Lo de la primera situación casi me parece irrelevante porque se vive a diario, ya es inevitable y no puede cambiarse. Que te miren con asco es algo normal, sus razones tendrá la persona, por muy poco realistas o inmaduras que sean. En este caso creo que fue porque el chaval nos había confundido con otras, chico… replantéate tu vida o ponte gafas (o las dos cosas).
Lo de la segunda situación me pareció una atrocidad. Y es que la sociedad ha llegado a un grado en que su maldad es asimilada con total naturalidad, y como mucho el resto puede reaccionar riéndose ante un comentario soez. Me da miedo faltar algún día a clase, a saber cómo me describen… Pero si algo sé seguro es que no se basarán en mi actitud como lo harán en mi físico.
En el fondo todo se reduce a eso, somos unos conformistas, nos quedamos en la apariencia de las cosas. Pereza tal vez de conocer algo diferente, que si nos paráramos a conocer igual nos parecería hasta atractivo. Cuando preguntas quién es alguien no te van a decir: la chica esa que es muy maja, que va conmigo a clase, que siempre está sonriendo pero que te puede fulminar con la mirada, te lo van a describir como: la chica esa de las greñas, pecosa, del culo gordo…
Y así nos conocerán los demás, gente con la que no hemos hablado en la vida y que tiene una apariencia nuestra respecto a los comentarios que cuentan el resto, y lo más importante, se guiará por ella. Porque no le vamos a caer a todo el mundo bien, y según su parecer hacia ti te retratarán. Y serás odiado por gente con la que ni si quiera has hablado. Porque en el fondo parece que queramos creer lo que dicen los demás de otros, ¡para qué te vas a poner a hacer juicios si los hacen por ti! Resignación. Esto se aprecia sobre todo en los pueblos, cuando todo el mundo habla de ti pero nadie te conoce, muy razonable.
Diría que me avergüenzo de esta situación, pero es más asco. Asco de todas estas actitudes que he intentado resumir. Es como cobardía intelectual, pereza, conformarse con los prejuicios…
Me pasa a veces que me dice la gente: oye qué maja eres, no pensaba que fueras así, no lo pareces. Brillante razonamiento, si todo fuera lo que parece… ¿Dónde quedaría el misterio?
No sé si estamos a tiempo de cambiar esta sociedad vacía... y este problema se irá repitiendo generación tras generación. Embárcate en el sendero de la experiencia, conoce. Conoce y después critica, para bien o para mal, pero ya tendrás un mínimo saber de aquello de lo que hablas y tu comentario tendrá peso. Porque si no, al final nos ahogaremos en el mar de la ignorancia, entre tanto prejuicio y conformismo.
Todo comentario afecta, aunque muchas veces se diga que no. Si es el de una persona que no nos conozca y nos llama hipócritas no nos va a doler lo mismo. Pero no utilizará un adjetivo psíquico si no que muy probablemente atacará tu físico. Y poco a poco la sociedad intentará comerse tu personalidad, y si eres fuerte no lo harán, pero cuida también tu autoestima de los vampiros energéticos.

Y que digan de mi lo que quieran, y quien quiera que venga a por mí, por muchas veces que me caiga al suelo yo me levanto y sigo aquí.

domingo, 7 de abril de 2013

Destino


Una de las grandes incógnitas de la existencia, ¿Existe el destino?
Oímos muchas veces decir: ha sido el destino. Para otros el destino no existe, es mera ilusión, todo sucede porque si partes de la consecuencia y reúnes cada dato llegas a una causa determinada que explica por qué las cosas han sucedido así (esto, en mi opinión, resulta un poco enrevesado). También las religiones se han interesado en él y dan a su creador la voluntad de dirigirlo. “Maktub”, estaba escrito. No me voy a poner a debatir sobre dogmas ahora pero, ¿a quién creer? ¿Qué opción es la más “adecuada”?
Ligado al destino encontramos la casualidad, yo la considero como su hija. La casualidad se asigna a sucesos cotidianos cuya realización parece curiosa, como si por el azar se hubieran desarrollado. El destino suele otorgarse a sucesos más importantes, que tienen al menos una ínfima trascendencia vital. Yo creo que el destino es más para románticos ¿Por qué digo esto? Es más bonito creer que has encontrado a tu amado porque el destino lo puso en tu camino que simplemente porque tu mundo y su mundo estaban ordenados de tal manera que un siete de abril a las ocho de la tarde tropezarais en un bar y empezarais a conversar. Luego están aquellos que dicen, estamos destinados a estar juntos ¿Te vas a quedar sentado toda tu vida esperando que, al destino, un día le dé por ajuntaros porque sí? Algo tendrás que trabajar tú en ello ¿no?
Amaral dijo: “es el destino quien nos lleva y nos guía, nos separa y nos une a través de la vida”.
Yo, en cierta manera, sí creo en el destino, pero no como condicionante definitivo de los hechos de mi vida. Pienso que a veces aparecen personas en nuestra vida que encontramos casualmente y después se convierten en necesarias, y eso se lo puedo atribuir al destino pero lo que no puedo atribuirle es la capacidad para conservarlas, pues soy yo quien he de tratar con ellas. Lo mismo con conseguir los sueños de tu vida, el destino no va a regalártelos, iluso, pero igual el esfuerzo, la motivación y la constancia sí.