Las dos palabras más crueles que
encuentro en el diccionario son dos de los adverbios más antagonistas y a
la vez más parecidos que existen, siempre
y nunca.
Me parecen dos palabras crueles,
es más prohibiría su uso porque cuando las utilizamos nos pasamos de valientes. ¿Cómo
estar tan seguro de algo? Siempre y nunca son irrevocables. Creo que nunca
le debes de prometer ninguno de los dos a nadie pero en especial, nunca
prometas un siempre, porque una de
las cosas más dolorosas del mundo es ver cómo algo que te han prometido que va
a durar eternamente se esfuma. Lo peor es que a veces nos lo creemos y nos
duele aún más cuando el mal ocurre. ¿Has sido engañado o la otra persona
realmente quería cumplirlo? Pienso que no es una palabra que se deba de ir proclamando
a los cuatro vientos, así no nos sentiremos tan traicionados.
Más dolorosa, si cabe, me parece nunca. No el nunca que se proclama, el de “nunca más comeré acelgas”, sino el nunca que se piensa, el que sabes o
crees que es una realidad. Pensar en algo que no vas a volver a hacer o vivir
jamás me resulta terrorífico, pero seguro que se te viene a la cabeza algo que
sabes que ya no tiene ninguna posibilidad de suceder. ¿Cómo te haces a la idea
de que tienes que renunciar a algo? Supongo que con mucha meditación y un
proceso de sufrimiento.
Hay gente que siempre deja la
puerta abierta, que nunca dice nunca a nada. Gente que cree en las segundas,
terceras, décimas oportunidades. No los tacharía de ilusos, pues aceptar la
negación es un proceso complicado.
Por eso no me gustan estas
palabras, me dan hasta miedo, pero en realidad son iguales en su fórmula. Las dos son radicales y
conllevan grandes responsabilidades. Manéjalas con cuidado.
Conclusión: no prometáis nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario