jueves, 27 de noviembre de 2014

La niña en el pozo

He caído. Ya no recuerdo cuándo exactamente pero ya llevo así un tiempo. Tengo un gran dolor que me oprime el pecho, pero todavía no sé qué sufrimiento lo causa. No sé si es decepción, dolor, pena, tristeza,  inseguridad, miedo o todo en conjunto.
Tengo momentos de lucidez, en los que me levanto y pienso: puedes con ello, puedes ponerle fin, pero caigo horas después. Sólo pensar me tortura. Me posee un gran nerviosismo, he vomitado por ello, he bajado mi rendimiento estudiantil, me distraigo con muchísima (más) facilidad, hasta se me ha ido el apetito, y puedo pasarme todo el día llorando, esté donde esté. 
He llorado en casa, aquí, en la cama (al irme a dormir y al despertar), mientras estudiaba, en el autobús, en clase, he llorado hasta mientras me maquillaba. Y aunque me gusta llorar esto no puede seguir así.
Todo se resume en una frase de Sinsajo parte I: “son las cosas que más queremos las que nos destruyen”. Y así es. Porque no hay nada peor que estar mal con alguien realmente importante para ti. Te consumirá, mucho más que nada que pueda pasarte a ti.
También he de decir que no estoy del todo bien conmigo misma. Hay periodos en los que se cae la autoestima, este es uno de ellos. Si no me quiero yo no voy a comprender que nadie más pueda quererme. El hecho de llorar maquillándome ya denota la falta de autoamor. Pero si algo tengo seguro es que soy suficiente. Soy mucho más de lo que muchos podrán ser algún día. No me acompañará un físico deslumbrante, no tendré don de gentes, pero nadie da tanto por nada.
En los últimos meses he estado sometida a algunas que otras decepciones, y cuando creía haberlas superado ha llegado algo a lo que no puedo hacer frente, porque no depende de mí. Esto que siento ha sido formado por la falta de confianza y la existencia de patrones comunes.
No puedo decir que me voy a levantar, porque llevo tiempo intentándolo y no he podido. Ojalá fuera un fénix de esos que renacen de sus cenizas. Ojalá pudiera levantarme sólo queriendo. Pero no es así, porque no depende de mí. Yo sólo puedo ponerle fin, aclararlo o huir. A este paso podré aguantar como mucho uno o dos meses más. Tengo que pensar más en mí, he olvidado el “protege siempre tu cuerpo” de Million Dollar Baby.
Supongo que debería buscar alguna distracción, como apuntarme a algún taller o algo, pero no tengo tiempo.
He luchado mucho en esta guerra, pero esta batalla la lucharé no luchando. Cualesquiera que sean las consecuencias. Porque creo que mucho peor que ahora no puedo estar.

Aunque quién sabe.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Ante todo siempre la amistad

Después de un mes de bajón emocional creo haber llegado a una conclusión: doy demasiada importancia a la amistad. Y eso pasa factura.
Por fin he comprendido que una amistad no tiene el mismo grado de implicación por las dos partes, y hay que aceptarlo.
Siempre he intentado estar ahí. He sacrificado mi horario de estudio para atender a amigos porque ellos estaban muy liados con el suyo. Y bueno, si encontraban un hueco en sus ocupadas vidas pues entendía que tenía que aprovecharlo. Porque tenía ganas de verlos.
He quedado, se han olvidado de que habíamos quedado. Más de una vez.
Hoy. Hace menos de una hora. Me habla una amiga (supuestamente) y me pregunta que si este fin de semana voy al pueblo. Le respondo que sí. Me ha parecido súper raro que le apeteciera quedar, pues no muestra interés nunca (pese a que le di un ultimátum). La cosa es que no era para salir y ponernos al día, quiere venderme productos para el cuidado de la piel – raya- cosméticos.
Se han olvidado de mí casi veranos enteros.
Me hablan después de un mes, pareciendo que hacen malabarismos por hacerlo, para decirme lo estresados que están y que no se lo tenga en cuenta.
Expreso mi malestar, que me canso de la gente (como he expuesto en algunas entradas) y dicen: ¿pero de mí no te cansarás no? Pero no hacen nada para evitarlo.
Me han dicho en la cara: eres mi segunda opción.
Otra amiga me dijo, con toda la sinceridad (y morro del mundo), que había pensado en quedar conmigo porque había encontrado un hueco ya que había hecho planes con su novio y al final él iba a hacer otra cosa. Estando yo en ese momento con mi novio y sin importarme que se uniera. -Esto fue lo que me hundió en la miseria-

Pero creo que ya lo he comprendido. Hay que aceptarlo. No eres tan relevante, por lo tanto no te tiene que afectar (tanto). Vive, padece y consiente. Sin dolor. Porque somos seres imperfectos y todos cometemos errores. No te lo tomes tan a pecho. Valora la amistad, por sus años, por sus recuerdos. Porque para qué romper algo tan preciado si, ¿no es la amistado lo que es para toda la vida? Porque es la amistad la que siempre está ahí, te saca de las malas rachas, la que te levanta ¿lo es? Como decía Benito Kamelas: “Ante todo siempre la amistad, la familia podía esperar”.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Reíos conmigo, no de mí


Últimamente he estado observando el mundo que me rodea y me he dado cuenta de que se ríe de mí.
La cosa es que me siento un poco mal por no saber el por qué.
No puedo decir toda la vida pero la verdad es que la gente lleva riéndose de mí unos cuantos años. Cuando parece que se han olvidado, el comentario emerge rozando antiguas cicatrices. Y se ríen. Tanto el que lo suelta como el que lo escucha. El caso es que sabía de qué se reían pero ahora es diferente.
Voy andando, me giro y veo que un corro de gente me mira atentamente en silencio y luego murmullan o estoy hablando y se ríen. No sé me perturba. ¿Será por mi físico o por mi forma de ser?
El caso es que me considero una persona insignificante que trata de pasar desapercibida, no hace mucho ruido para no llamar la atención. Tengo un gesto más bien poco expresivo (bueno, serio) lo cual debería hacerme pasar más de imprevisto. Pero no hay manera. Retomando este párrafo, puede que esa seriedad se vea reflejada como una amenaza al resto, puede ser (no es la intención).
No sé si será la manera en la que ando, algún gesto que hago o qué exactamente pero produce risa.
El problema es que no es la risa bondad, la de “Ay, mira que graciosa”. Es la risa maldad, la que critica y apuñala. La que nace del rencor, de la mala intención.
Y por eso me pregunto qué habré hecho, cuán mala intención tengo yo. Yo, que no ataco sin que me ataquen, que no me baso en lo físico si no en lo psíquico. Que arremeto, pero basado en una ofensa a mi persona o cercano, en la mala actitud del resto.

Sólo pido que se me explique por qué causo mofa. Simplemente quiero saberlo por si hay algo que tengo que mejorar. Porque creo que tengo derecho a saberlo. Porque influye en la autoestima quiera o no. Así que creo que la gente debería empezar a respetar más o a echarle las mismas ganas que le echan para reírse en aclararme cuál es su problema conmigo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Tonight I'm cleaning out my closet

Si digo que tengo que conocer gente nueva es porque quizás la que está actualmente en mi entorno no me aporta lo que necesito.
Nadie me dice que vaya a conocer gente nueva y se vaya a convertir en un amigo para toda la vida pero necesito refrescarme. Necesito ver nuevas formas de ver el mundo porque las vuestras ya las conozco.
Me ahogo en la monotonía de vuestra historia. Ya ni cotilleos sobre vosotros me conmueven. Todo es predecible y lo que no lo es, es irrelevante.
Me dolería si en algún momento hubierais demostrado al menos algo de afecto. De repente me encuentro a alguien que sí que lo tuvo y parece un desconocido. Me dice que me avisaría de quedar hoy, son las 0:59 y sigo esperando el aviso. 
Mostráis interés cuando me veis después de tres meses. Dos besos y un qué tal, no hay mucho más para desarrollar. A veces una sugerencia peligrosa: A ver si quedamos algún día. ¿Pero, de verdad quieres o lo dices por quedar bien?
Me quemé la cara y al verme con la gasa ni parpadeasteis, cuando luego bien ibais preguntando qué me había pasado.  La verdad es que no lo entiendo. Se llama curiosidad y en pequeñas cantidades no es nada malo. Esperaba que alguien me preguntara y sin en cambio le preguntasteis a otra para que os lo dijera por mí. Yo lo viví en primera persona, mejor podría expresarlo, por eso no lo entiendo.
Decís que me he desvinculado, que ya no voy con vosotros. Me habéis obligado a hacerlo. Me habéis empujado vosotros y ahora, a partir de hoy, no lo niego. Eliminasteis un grupo de whatsapp, creasteis otro más exclusivo, nunca avisáis sobre cuándo o dónde quedáis (¿soy yo la que no quiere ir con vosotros?), cuando aparezco se alternan las malas caras y los pocos saludos. Y sí es verdad que me siento incómoda, no comparto vuestros intereses ni visión del mundo (por fortuna, creo). Encima habláis mal de gente que me cae bien, lo que me hace sentir más incómoda. Y cómo olvidarmede esas veces que os reisteis de mí, aquellos que deciais ser mis amigos, mejorad vuestro tacto para amistades futuras.
Así que a partir de hoy me alejo porque quiero. Porque no quiero seguir atada a gente que no siente. Que ignora y luego pregunta por qué te alejaste. No tiene sentido. No tiene sentido que os atreváis a  preguntar eso en voz alta.  Volver a leer el  párrafo anterior a ver si os aclara las ideas.
Hoy limpio mi armario de ropa vieja y desgastada. Si nos vemos saludaré de buenas y seguiré mi camino. Porque no me arrepiento de lo vivido, y eso que creo que he aguantado mucho más de lo que otros habrían. 
Y si alguien quiere volver a formar parte de él sólo tiene que poner de su parte, con seguridad y el corazón por delante. Me pregunto si todavía tenéis de eso, de hecho me pregunto si alguna vez habéis tenido.

Porque nadie se preocupa, no de la manera que yo lo hago. Ni de cerca.

martes, 4 de noviembre de 2014

Silencios Interés

Silencios hay de muchas clases, estos son de los malos. Silencios interés voy a llamarlos.
Esto es otra pequeña parte de Memorias de una Clase de Segundo de Filología Inglesa.
Espero que seáis las víctimas de estos silencios y no sus creadores. No penséis que os deseo el mal (xD) simplemente quiero pensar bien de mis queridos y pocos lectores.
Poneos en situación, tienes que hacer un trabajo grupal y das por hecho que lo vas a hacer con la gente de siempre. Sois cuatro y el trabajo es por parejas. No es un gran problema, dos y dos, la cosa es quién con quién. Insistes, durante una semana más o menos y cuando ya le dices a una: “Oye, si eso nos ponemos juntas porque estas no dicen nada” te das cuenta de que las otras ya se habían apuntado. Doble silencio.  Ni te dicen que han decidido ponerse juntas ni que ya se han apuntado.
Y digo yo, ¿tanto cuesta aclarar las cosas desde un principio? Porque yo no me voy a enfadar porque me digas con quién te vas a poner. En todo caso me enfadaré si me haces perder el tiempo a mí y luego el número de temas para el trabajo es más reducido.
Siguiente caso de silencio interés. Tienes que hacer un trabajo y no se te ocurre tema, preguntas al resto y a ellos tampoco. Que no digo que no pueda ser verdad, pero que seguro que el día de la decisión del tema lo tienen pensadísimo y es un tema de la hostia. Pero no te lo quieren decir para que no lo hagas tú también de eso.
Siguiente caso de silencio interés. Tienes que hacer un trabajo y no sabes muy bien cómo. Les preguntas y ellos tampoco. Luego su nota es notablemente más alta que la tuya.
Último caso de silencio interés. Este me parece un poco más denigrante dado que no tiene que ver con poner en peligro tu currículum académico. La semana pasada fue la Fiesta del Cine. Las entradas estaban a 2’90€ durante tres días. El caso es que al final no fuimos pero yo iba a ir por mi cuenta. Mi sorpresa fue cuando me enteré que para eso tienes que registrarte antes. ¿Qué pasa que si no voy contigo que me jodan un poco?


Nota: Con todo esto no quiero hacer parecer que les tenga envidia. Simplemente que no entiendo por qué la gente no comparte su saber. ¡Y más en una carrera donde la mayoría acabarán en ramas de la enseñanza!

Si yo sé algo y me lo preguntas sin dudarlo te lo explicaré. Por eso no entiendo estas actitudes.