He dejado
de creer en la buena fe humana.
“Nunca
he roto un plato, siempre tiendo la mano y antes de ir a la cama me lavo los
dientes.” Vale, si dijera esto mentiría, pero ¿quién puede decirlo?
El caso
es que el pasado mes viví dos situaciones que me hicieron darme cuenta de lo
corrompido que está el mundo.
Primero
-poneros en situación- fiestas de pueblo, toro de fuego, cinco de la mañana, estábamos
relativamente lejos, pero aun así me alcanzó un borracho (un cartucho de cartón
relleno de pólvora que va rebotando hasta perder la energía). Me dio en la
cara, al lado de la barbilla. Fue un golpe seco, el borracho casi ya no quemaba
porque era su último rebote antes de caer al suelo. He de reconocer que me
quedé un poco conmocionada porque no me lo esperaba, pero esa no fue mi mayor
sorpresa. La gente de alrededor lejos de preguntarme qué tal estaba, si me
dolía, simplemente se me quedó mirando e incluso algunos se echaron a reír.
Gente mayor, algunos seguro que hasta padres. Menudo ejemplo.
El
siguiente suceso ocurrió unos días después, ni siquiera había pasado una
semana. Pasaba por un velador y de repente un par de mujeres de unos treinta y
cinco años empezaron a criticar la camiseta que llevaba. Era la del Atleti, de
la cual estoy muy orgullosa. Si bien es cierto que es la talla más pequeña aun
así me queda holgada y al llevar pantalones cortos apenas se me veía el
dobladillo de estos. A mí personalmente me gusta el toque. El caso es que a
ellas no les debió de gustar por los comentarios que salieron de sus bocas. Lo
peor de todo es que ni disimularon, lo oí todo perfectamente, me quedé tan
perpleja que lo único que pude hacer fue echar una mirada desafiante que
incluso una de ellas, con todo el orgullo del mundo, me sostuvo. Me resultó
realmente impresionante que haya gente que pueda tener tantísimo morro de que
encima que no hace nada por disimular aún cree que tiene la razón. Podría
habérmelo dicho directamente y hubiéramos tenido unas palabras.
Y es
que con adultos así como para esperar futuras generaciones que te respeten. Me
decepcionan. Y si estos no son nuestro modelo a seguir ¿Quién lo es? ¿De quién
aprende uno a ser mejor persona?
Al
parecer de las hostias que estos te propinan. Y de las de sus hijos, que de
alguien las aprenden. No sé cómo aprenderán éstos, y los hijos de éstos. He
perdido la esperanza de lo hagan.

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