jueves, 2 de octubre de 2014

Admirable ascendencia

He dejado de creer en la buena fe humana.
 “Nunca he roto un plato, siempre tiendo la mano y antes de ir a la cama me lavo los dientes.” Vale, si dijera esto mentiría, pero ¿quién puede decirlo?
El caso es que el pasado mes viví dos situaciones que me hicieron darme cuenta de lo corrompido que está el mundo.


Primero -poneros en situación- fiestas de pueblo, toro de fuego, cinco de la mañana, estábamos relativamente lejos, pero aun así me alcanzó un borracho (un cartucho de cartón relleno de pólvora que va rebotando hasta perder la energía). Me dio en la cara, al lado de la barbilla. Fue un golpe seco, el borracho casi ya no quemaba porque era su último rebote antes de caer al suelo. He de reconocer que me quedé un poco conmocionada porque no me lo esperaba, pero esa no fue mi mayor sorpresa. La gente de alrededor lejos de preguntarme qué tal estaba, si me dolía, simplemente se me quedó mirando e incluso algunos se echaron a reír. Gente mayor, algunos seguro que hasta padres. Menudo ejemplo.
El siguiente suceso ocurrió unos días después, ni siquiera había pasado una semana. Pasaba por un velador y de repente un par de mujeres de unos treinta y cinco años empezaron a criticar la camiseta que llevaba. Era la del Atleti, de la cual estoy muy orgullosa. Si bien es cierto que es la talla más pequeña aun así me queda holgada y al llevar pantalones cortos apenas se me veía el dobladillo de estos. A mí personalmente me gusta el toque. El caso es que a ellas no les debió de gustar por los comentarios que salieron de sus bocas. Lo peor de todo es que ni disimularon, lo oí todo perfectamente, me quedé tan perpleja que lo único que pude hacer fue echar una mirada desafiante que incluso una de ellas, con todo el orgullo del mundo, me sostuvo. Me resultó realmente impresionante que haya gente que pueda tener tantísimo morro de que encima que no hace nada por disimular aún cree que tiene la razón. Podría habérmelo dicho directamente y hubiéramos tenido unas palabras.
Y es que con adultos así como para esperar futuras generaciones que te respeten. Me decepcionan. Y si estos no son nuestro modelo a seguir ¿Quién lo es? ¿De quién aprende uno a ser mejor persona?

Al parecer de las hostias que estos te propinan. Y de las de sus hijos, que de alguien las aprenden. No sé cómo aprenderán éstos, y los hijos de éstos. He perdido la esperanza de lo hagan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario