lunes, 16 de julio de 2012

El mordisco envenenado


Y al girar la cabeza ella estaba allí. Me observaba con indiferencia pero los dos sabíamos lo que iba a pasar. La miré con poca atención pues no me daba miedo, para mí sólo era un juego, sin embargo ella parecía más animada conforme se me iba acercando. Sólo tenía una oportunidad y debía usarla bien, yo me hacía el duro, no se lo iba a dejar fácil. Su pelo se agitaba mientras ella circulaba arriba y abajo examinando mi cuerpo. Yo permanecía inmóvil, dicen que en estos casos es lo mejor. Me rozó el brazo al ritmo de una caricia, se estaba acercando demasiado. Una ligera sonrisa apareció por mi cara, ella parecía contenta pero no estaba complacida todavía. Estaba por rendirme, un simple mordisco y todo acabaría, ella sólo buscaba eso… Pero antes de que terminara con mis pensamientos ella ya había decidido. Sentí un pinchazo agudo en la pierna seguido de un ligero dolor. Su veneno  mezclándose con mi sangre me hizo reaccionar de forma violenta. La aparté de un manotazo y se alejó por fin satisfecha.
Y es que ella era una abeja, que acababa de picarme en la pierna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario