Y al
girar la cabeza ella estaba allí. Me observaba con indiferencia pero los dos
sabíamos lo que iba a pasar. La miré con poca atención pues no me daba miedo,
para mí sólo era un juego, sin embargo ella parecía más animada conforme se me
iba acercando. Sólo tenía una oportunidad y debía usarla bien, yo me hacía el
duro, no se lo iba a dejar fácil. Su pelo se agitaba mientras ella circulaba
arriba y abajo examinando mi cuerpo. Yo permanecía inmóvil, dicen que en estos
casos es lo mejor. Me rozó el brazo al ritmo de una caricia, se estaba
acercando demasiado. Una ligera sonrisa apareció por mi cara, ella parecía
contenta pero no estaba complacida todavía. Estaba por rendirme, un simple
mordisco y todo acabaría, ella sólo buscaba eso… Pero antes de que terminara
con mis pensamientos ella ya había decidido. Sentí un pinchazo agudo en la
pierna seguido de un ligero dolor. Su veneno
mezclándose con mi sangre me hizo reaccionar de forma violenta. La
aparté de un manotazo y se alejó por fin satisfecha.
Y es
que ella era una abeja, que acababa de picarme en la pierna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario