domingo, 15 de enero de 2012

Le dijo la humildad a la arrogancia

-Tú, que seleccionas a las personas. Tú que discriminas a unas personas sin justificación alguna, tú que excedes de orgullo, que tienes una imagen tuya superior a la del resto.
¿Me puedes decir que puedo envidiarte?
Yo no excluyo personas simplemente porque sí, no me creo con más derechos que ellas, no hago que se sientan apartadas, no les hago sentir apestadas. No me creo una imagen de mí misma como ser superior al resto. Yo, que si tengo secretos no se los cuento sólo a una parte excluyendo a otros en su mísera cara. Yo, que cuando alguien necesita algo se lo ofrezco sin pensar lo que me costará ¿Qué debo envidiar de ti? Que buscas beneficios de los problemas ajenos.
No entiendo esa extraña obsesión tuya por hacer creer inferior al otro, lo peor de todo, estoy comprobando que tu arrogancia se contagia. Estás incubando una sociedad de egoísmo desproporcionado. ¿Qué quedará luego de ti cuando todos sean como tú? Serás una más y eso se contradice con tu imagen de superioridad.
Si de algo podré envidiarte será de tu soledad, porque aunque ahora no la sientas, en algún momento dentro de no mucho estarás sola. Sola tú arrogancia y nadie más. Y cuando quieras sacar todo ese egoísmo de dentro de ti vendrás a mi a buscar mi humildad. Y yo no tendría que tenderte la mano, porque no lo mereces, pero yo no me contradigo, soy humilde. Pero que yo te perdone no quiere decir que lo haga el resto, los que han aprendido de tu arrogancia. Tendrás que ser tú quien se encargue de reparar tus errores, si no es ya demasiado tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario