miércoles, 25 de febrero de 2015

El conflicto San Valentín


San Valentín es un día criticado. Se le tacha de consumista pero ¿qué festividad no lo es? Ponte a pensarlo. Santa Águeda, compra téticas y sal a cenar con mujeres. Carnaval, compra o haz el disfraz. Navidad, regalos. San Valero-Reyes, roscón. San Silvestre, roscón. San Valentín ¿?
San Valentín es opcional. Empezando porque puedes celebrarlo o no.Es consumista si quieres que lo sea, y ese creo que es el problema de muchas parejas. Hace dos años, creo, vi que una chica publicaba en una red social con las cosas que le había regalado su novio (unas cremas y perfume y puede que algo más) y daba la sensación de que el tío se había gastado más de cincuenta euros. Me pareció una barbaridad. Para mí eso es monetizar el amor, ponerle precio. Yo creo que todos somos materialistas en cierta manera, unos más unos menos, unos mucho otros apenas, pero la cosa es que a todo el mundo le hace ilusión un regalo. Y si no te la hace es porque esa persona ha dejado de interesarte porque hasta algo feo se ve bonito cuando te lo regala alguien que quieres.
San Valentín es abierto. Puedes regalar o no. Puedes comprar un detalle, un libro (qué buen regalo es un libro); puedes regalar flores (no hace falta medio jardín, incluso sólo una, sea cual sea es un buen detalle); puedes hacer algún recuerdo manualmente, puedes ir a comer-cenar por ahí; puedes preparar un desayuno sorpresa; puedes escribir una carta, elaborada, con sentimiento. La esencia está (o debería estar) en sorprender, o intentarlo. Si quieres ves San Valentín con buenos ojos. Una excusa para quedar con tu pareja, a la que igual no ves todo lo que quisieras, un momento para descubrir si de verdad estáis hechos el uno para el otro o un momento insignificante porque vivís juntos y estáis bien y os sorprendéis cuando queréis. Tómatelo como quieras, pero tómatelo bien.
Es normal que alguien que no tiene pareja se lo tome mal, me parece totalmente comprensible. Es un momento en el que sí o sí ves que estás solo (sin dramatizar). Que igual llevas mucho tiempo estándolo, que igual acabas de romper con tu pareja, que igual no te atreves a decirle a alguien que te gusta, el caso es que estás sólo y el catorce de febrero es un día despreciable y te hace sentir peor y es una chorrada y no debería existir tal ñoñería.
Yo creo que las dos visiones, tanto despreciarlo como tener ilusión por él son aceptables. He pasado mi segundo San Valentín acompañada, tras muchos años de soledad, con la misma persona que el año pasado y puedo decir que para mí San Valentín es una excusa para quedarme y pasar un finde con mi novio. No ya sólo el catorce, he tenido la suerte de que caiga en sábado y hemos aprovechado el fin de semana entero. Recalco aprovechado, porque nos vemos poco y San Valentín ha sido una buena excusa para estar más cerca el uno del otro.

Lo mejor de este San Valentín es que no sé si es mejor que el anterior ¿qué quiere decir esto? Que creo que todavía nos sorprendemos y tenemos mucho camino por recorrer. Todavía nos estamos conociendo, diría yo. El año pasado fue muy diferente, fue sólo el propio catorce. Fue un gran día. Pero éste finde también lo ha sido. Y espero que el año que viene no esté escribiendo una entrada diciendo lo miserable que se siente uno al pasar este día solo. Espero poder decir que ha sido tan bueno como los dos anteriores y que espero con ansias el cuarto.

domingo, 22 de febrero de 2015

Ganas de despertar


¡Hola, hola! Creo que ya toca actualizar esto, 2015 ha comenzado y no he mencionado nada sobre ello. Bueno, la verdad es que poco he comentado de nada porque cuando llega el diciembre-enero universitario poco tiempo tengo de mencionar algo que no sea relacionado con los estudios –vida triste-.
He de aclarar que hablo sólo de mí, sin englobar a otro ser humano, porque cada uno lo vive a su manera. Unos no sacrifican sus vacaciones navideñas, otros hacen algo, otros mienten sobre lo que hacen ya sea por ir de sobrados o por no parecer muy trabajadores (no sé qué de vergonzoso tiene admitir que lo eres, esto daría para una entrada propia, ¡Mmm!, aunque creo que ya la hice JAJA), supongo que es por si suspendes así el resto no se ríe de que encima te lo habías currado (¿). El caso es que yo, sobre todo este año, me he matado como nadie (y así he acabado, con jaquecas –vida triste-).
Uno de mis deberes este cuatrimestre pasado fue ver An Education, para un posterior examen oral. Lo dejé para navidades como la mayoría de los trabajos porque entras en el debate de: lo hago al principio del cuatrimestre, pero ¿y si luego se me olvida? ERROR. No lo dejéis todo para el final porque igual acabáis saliendo apenas dos días en todas las navidades y yéndoos a dormir a la una como mínimo, por no hablar del estrés causado por el: “no llego”, que casi te hace tirarte de los pelos.
Total, una de las preguntas de dicho examen oral fue: ¿Qué crees que significa el título (An Education)? Menos mal que me habían avisado otros compañeros que salía del examen de que me podían preguntar eso porque si no me hubiera quedado un poco rayada en mitad del oral, cosa que no tienes tiempo a permitirte.
Hasta entonces no me lo había planteado. Si no has visto la película voy a intentar no hacer spoiler, pero yo me sentí identificada por la protagonista. Ésta vive presionada para alcanzar una buena nota que le permita entrar a una de las mejores universidades del país. Su hobbie, la música es casi menospreciado, lo que a mí me hace ver que está un poco incomprendida. La película si no recuerdo mal está ambientada en Los Sesenta, pero no veo mucho cambio con el presente. Al responder la pregunta denoté que me sentía un poco identificada con la protagonista porque creo que no estoy viviendo lo suficiente.
No sé si en algún momento voy a hacer una entrada sobre 2014 haciendo balance, la verdad es que no lo tengo en mente. 2014 ha sido un año, vamos a decirlo, mejor de lo que me esperaba. He de decir que me esperaba un verano estudiando y al no ser así ya fue un verano más bueno que el anterior (por eso y por otras cosas). El último cuarto de 2014 fue sin duda el peor del año y es cuando me di cuenta de mi situación. Tanto he de estudiar que no tengo tiempo para salir por ahí en condiciones a ver el mundo. Ya no estoy diciendo salir de fiesta, puesto que hasta esto me parece ya un poco banal (no me malinterpretéis, di “parraque” y aparecerá Encarna).
El caso es que tras salir de mi penúltimo examen estaba ya como si hubiese terminado, hasta me daba un poco igual cómo me hubiera salido. Fui con mi pareja a ver una tienda sobre productos americanos donde compramos Grageas Bertie Bott y después fuimos al Fnac, así todo un poco improvisado, como nos gusta a nosotros. Y fue allí cuando me di cuenta de lo feliz que era saliendo sólo un rato. Saliendo de mi habitación, de mi sala de estudio que me retiene todo el día. Al día siguiente fue el oral e hice notar que algo fallaba, o varias cosas (y entre ellas el sistema de la universidad).
No tengo propósitos de año nuevo porque sé que mi vida va a seguir así y no creo que sufra grandes cambios, no tengo tiempo para actividades extra por mucho que me gustaría. Pero sí tengo ganas. Soy una persona que valora mucho lo que tiene y creo que me hace falta más. Ganas de conocer más gente, gente nueva, fresca. Ya no digo amigos, I’m done with them (nah, es bromita). Ganas de nuevas versiones de la vida, descubrir nuevos lugares, estoy segura que el sitio donde estudio tiene mucho que ofrecerme pero que desconozco.

Creo que tengo algo, por lo menos algo, que ofrecerle al mundo. Sólo necesito que se abra a mí y yo tener el tiempo necesario para hacérselo ver sin ese malestar interior que no te deja disfrutar de algo porque te dice: “deberías estar estudiando”.