El
poder está para tomarlo. En la sociedad existen diferentes luchas por el poder,
ya sea político para gobernar una nación; laboral, para mandar por encima de
otros empleados; doméstico, los progenitores sobre sus hijos; escolar, los
profesores sobre los alumnos… Hay muchos, en definitiva, pero yo me voy a
centrar en el poder social y en la
lucha por éste.
Como
seres humanos poseemos la función vital de relación, aunque algunos apenas la
desarrollen. Esto a su vez indica que somos seres sociales. Necesitamos
interactuar con otros individuos, buscar vínculos en común y establecer
amistades. Hasta ahí todo va bien, el problema empieza en la finalidad para la
cual se crean esos vínculos, porque no siempre son involuntarios, las personas
tienden a crear vínculos artificiales porque tienen diferentes intereses con
respecto a las otras personas.
No sé
si me explico, lo que quiero decir es que no siempre somos francos en cuanto a
intenciones, a veces aparentamos para conseguir lo que nos interesa.
Esto es
lo que sucede en la lucha por el poder social, nos acercamos a las personas que
más populares, o más pinta de populares tienen, para pertenecer a ellas.
Llegados a este punto tengo que aclarar que en esta ocasión con poder social me
refiero a las amistades escolares. Escogemos las nuestras en función de lo que
nos conviene, a algunos la popularidad, a otros la indiferencia y a otros la
búsqueda de las personas más inteligentes para hacer los trabajos.
Esto
está marcado desde el primer día, los populares se huelen, todo el mundo los
detecta y ellos orgullosos de eso, los indiferentes van a su bola y no se
relacionan con el resto (y menos con los populares) a no ser que no sea
estrictamente necesario.
Aunque
quieras ser popular no vas a serlo si no das el perfil, puedes ir con los
populares pero pronto te darás cuenta de que no perteneces a ellos y el resto
lo sabe desde un principio.
El
verdadero problema está entre los populares, uno debe de sobresalir entre todos
ellos. Con dos acabarían creándose separatismos y eso no les interesa, así que
aunque a alguno le duela, debe subordinarse para no acabar fuera.
Esto le
puede generar rencor hacia los que están por encima de él, tienen el poder
social que él/ella desea. Y se lo hacen pagar, ¿Cómo? Uniéndose a los
indiferentes. Haciendo creer que es uno de ellos, que iba con los populares
porque no tenía otra opción pero en realidad no se sentía identificad@ con su
forma de ser.
Si eres
un poco inteligente te darás cuenta de que te está utilizando, que sólo busca
ser el cabecilla, el líder que nunca pudo ser, y para conseguirlo igual tenga
que ‘eliminar’ a aquellos que lo calan desde el principio ya que representan
una grave amenaza.
Pero a
un popular/cabecilla, no lo puedes juntar con un indiferente porque tienen
distintos intereses. Mientras uno busca ser el que sobresale de la clase el
otro sólo busca sobrevivir entre tanta farsa.
Lo peor
es que uno se dé cuenta y el resto de su grupo no lo detecte, tenga poca
personalidad y acabe dominado. Porque el inteligente será el desplazado por el
interesado.
El
interesado sólo actuará cuando tenga reales posibilidades: cuando los populares
vayan a otra clase, a otro turno, cuando no lo vean y no puedan descubrirlo
conspirando.
Sólo
hay que tener unas pocas de agallas y no inmiscuirse en esa lucha de poder
social, ya se comerán unos a otros.
El verdadero poder social lo tienes tú, poder de defender tu identidad y no verte dominado.
Memorias
de una clase de segundo de filología inglesa.
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