miércoles, 20 de noviembre de 2013

Los mejores años de nuestras vidas

Me veo obligada a hacer esta entrada porque creo que vivimos muy engañados. En junio terminé segundo de bachillerato, un curso muy doloroso en el que (al menos en mi instituto) si no trabajabas todos los días estabas jodido.
A lo largo de los años escolares el número de exámenes y su dificultad va creciendo hasta llegar a, lo que algunos llaman, la cumbre del conocimiento, segundo de bachillerato. Porque luego ya te especializas en algo en concreto. En este curso encuentras que todas las semanas tienes exámenes y que no puedes estudiar el día de antes, ves tu vida social reducirse a los sábados por la noche y cuando se acerca selectividad ni eso. Crees que es sólo un año, ocho meses y medio y nunca mais. Todo mentira.
Terminas segundo de bachillerato con la alegría del verano de tu vida y la verdad es que lo es, y si no lo es debería porque si has pasado limpio probablemente no vuelvas a tener tanto tiempo libre para no hacer absolutamente nada (o para hacer lo que querías y no podías porque no tenías tiempo). Te cuentan que la universidad va a ser una muy buena experiencia, los mejores años de tu vida, leyendas everywhere.
Al principio te alegras, por fin estás estudiando lo que querías, (o como nos pasa a algunos lo que menos nos disgusta) pero luego llega el batacazo.
En la mayoría de las carreras hay que estudiar todos los días si no quieres ir perdido en enero. Selectividad, esa experiencia que mejor una vez en la vida y no más, parece querer repetirse dos veces al año ahora. En lo único que encuentro la diferencia es en el ritmo de estudio, puede que segundo de bachillerato te metiera más presión pero veías la recompensa día a día. Aquí sólo tienes una oportunidad, te lo juegas todo a una carta. Tienes que elegir qué asignaturas repasar porque aunque haya pocas no da tiempo a todas, y no mencionemos ya los trabajos.
Algunos dejamos atrás amigos, ciudad, casa… para entrar en la boca del lobo. ¿Se vive mejor ahora? Yo diría que no.

Casi no salgo viva de segundo de bachillerato pero salí, esto sólo está empezando y se ha cargado mis expectativas. ¿Cuatro años así? No sé si podré.

Los mejores años de nuestras vidas se los estoy dando no sé a quién

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Bromea o ke ase?

Es sorprendente la capacidad que tienen algunas personas para bromear. De hecho, hay gente que se pasa todo el día gastando bromas al prójimo, el problema llega cuando él las recibe.
Y es que hay gente que no sabe encajar una broma, cosa no muy comprensible cuando no paras de incordiar a otros.
Se enfadan, hasta te dejan de hablar. Es extraño pero cierto. No lo comprendo muy bien. A todo el mundo le gusta gastar bromas de vez en cuando pero cada vez que se hace una broma hay que replantearse ciertas cosas como ¿Me gustaría que me lo hicieran a mí? ¿Cómo me lo tomaría? ¿Merece la pena? Y una vez se han resuelto estas preguntas mentales proceder o no.
Hay gente con un talento innato para incordiar, hacen chistes sobre ti, se meten con tu ropa, tu estilo, tu manera de actuar, a veces sólo basta que te muevas para causar un comentario. Pero ojo digas tú algo de él, porque entonces se enfada. Parecen tener una natural insensibilidad y no son conscientes de ello, y si lo son les da igual.
Algunos comentarios llegan a ser crueles, pero no puedes enfadarte porque ha sido una broma, sin embargo no intentes combatirla con otra tú. Serás tachado de rencoroso.

Ten cuidado de las bromas que haces, de cómo las haces y del momento en que las haces.