domingo, 29 de septiembre de 2013

Móvil dependencia

La sociedad tiene un grave problema. Cada vez desde más pequeño el ser humano se ve dependiente de su teléfono móvil. Niños de siete años con móviles, pero ¿para qué los pueden necesitar? Un móvil es muy útil y cada adulto que lo crea necesario debería tener uno. Ya en la adolescencia empiezan a convertirse en imprescindibles, caemos en sus redes y quedamos atrapadas en ellas.
Primero se usaban para llamar y enviar mensajes, pero luego sus capacidades fueron aumentando. Ahora ya casi nadie llama, por no hablar de mensajear, ahora hay otros métodos. La aparición de internet móvil ha supuesto toda una revolución. Esta entrada es sobre el famoso Whatsapp y redes como esta.
La gente se refugia en ellas cuando no tiene otra cosa que hacer pero también cuando debería estar haciendo otras cosas. Es preocupante ver como cuando llegas a un sitio nuevo la gente no se esfuerza en socializarse sino que prefiere sacar su móvil, evadirse del mundo y hablar con gente ya conocida.
¿Cómo conocer gente nueva así? Es realmente complicado. De primeras no puedes, da vergüenza interrumpir, igual hasta es una conversación importante. En la mayoría de los casos seguro que no lo es. Después de todo, ¿de qué tanto tenemos que hablar a todas horas por el móvil? Se nos acaban los temas de conversación.
Cada día más atado, el ser humano lo utiliza mientras come, estudia, está en el colegio/universidad/instituto, hace cola en el supermercado, espera a que llegue el autobús, le están cortando el pelo…
No digo que no sea útil y no debamos hacerlo, sino que hay que moderarse. Para todo hay tiempo. Ante todo socialízate en persona. Pasas horas en casa hablando con gente a la que no tienes delante y cuando la tienes no le prestas atención porque estás chateando con otros. No tiene sentido.
No lo apreciamos pero tal vez estamos dejando pasar gente valiosa de largo por estar conectados en ese momento.

Algún día pasará el amor de tu vida por delante de ti y no te enterarás porque estarás pendiente de la última cadena que te enviaron por chat.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Falta de experiencia

A veces deseamos tanto algo que no nos paramos a pensar cómo será cuando finalmente lo alcancemos.
Estamos sedientos de deseos, nos invade el poder de cumplirlos. Somos en cierta manera avariciosos, ilusos. Pero es normal, de ilusiones se vive.
Hay que ser consciente de lo que se tiene y lo que se quiere cambiar. Muchas veces querríamos tener cosas diferentes de las que poseemos, nos vemos infelices con lo propio y queremos mejorarlo. Sabemos que no somos realmente  felices con lo que tenemos, aspiramos a algo mejor, pero esto no siempre es posible. No siempre se cambia a mejor.
A veces aspiramos a una vida mejor y nos encontramos con algo peor de lo que ya teníamos. Y entonces te das cuenta, no era tan malo lo que tenía antes si lo comparo con ahora. Has malgastado el tiempo esperando algo mejor y sólo has conseguido empeorar la situación.
Hay que ser realista, ser consciente de lo que se tiene y saber a lo que se aspira. A mí me acaba de pasar, llevaba dos años queriendo irme de donde estoy y ahora que me he ido echo de menos lo que tenía porque esto no es realmente lo que esperaba (aunque todavía es pronto para juzgarlo).
Lo mismo pasa con las amistades, hay veces que no las valoramos como debemos y hasta que no salimos de nuestra  realidad, conocemos más gente y comparamos no nos damos cuenta de lo que realmente tu amigo verdadero te ofrece.

Valora lo que tienes y no sueñes en exceso.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Todo se muere

Venga, un cacho de mí.
Me acabo cansando de la gente, es un hecho. Haciendo un rápido cálculo puedo decir que mi media de duración de una amistad es de dos años.
Y es que al final hay que desistir. Me considero buena amiga de mis amigos, un poco exclusiva, me gustan las minorías (nada malo, creo). El problema puede ser que me entrego demasiado, espero más de la gente de lo que pueden darme y esto crea fisuras hasta llegar al agujero.
Como amiga, igual soy un poco egoísta al decir esto, pero creo que no se pueden quejar de mí. Soy fiel, si tengo que defender causas indefendibles las defiendo y si tengo que quedar mal con el resto poco me importa. Me da igual lo que piense “el popularismo”, ya he dicho que soy de minorías. Hasta aquí todo está bien, pero si no es algo recíproco acabará muriendo, como lo ha hecho hasta ahora.
Sé perdonar, puedo dar más de una oportunidad, soy paciente, pero hasta cierto límite.
Mi problema es que me callo demasiado, y acumular tanta mierda hace vomitarla (al vacío invisible) en un momento, y entonces no hay vuelta atrás. ¿Que no debería hacerlo? Lo sé, pero es así. Igual prefiero evitar conflictos y llega un momento que se me comen… quién sabe.
Y cuando después de tanto tragar de repente exploto ya nada vuelve a ser como antes. Normalmente no hay explosión, no empiezo a soltar mierda por la boca dejando al otro atónito. Normalmente no hay diferencia visible, pero ha muerto y es irremisible.
Nada volverá a ser como antes, no por mi parte. Por mucho que lo intente. Es algo que me supera, cuando digo que no es  no, y nada puede hacer ya el otro por arreglarlo.Y me vuelvo borde, cada vez más, y el otro me pregunta si estoy enfadada, ojalá fuera eso.

O se cuida o se rompe. Es un ciclo.

Qué a gusto me he quedado.