Que fase tan interesante. Y es que es eso, una fase, que va
desde que te empieza a gustar alguien hasta que finalmente lo sabe. He de
reivindicarla. Para mí es de lo más interesante y productiva, porque luego se
asienta la cosa y pierde su encanto.
Cuando tonteas con alguien te quedas hablando hasta las
tantas, te ríes constantemente, tienes intriga por saber si eres
correspondido y eso da morbo, da ganas
de seguir. Esa curiosidad enfermiza que tanto nos hace disfrutar, también
podemos rayarnos, pero pasar el rato al fin y al cabo. Su nombre –tonteo- ya lo indica, y es que las dos personas están
en un estado de tontería que les hace incluso descuidar obligaciones básicas
como estudiar, prestar atención a los familiares, pasar el tiempo con amigos…
pero no importa, porque hacer el tonto con esa persona es divertido.
Pero todo tiende a su fin, y llega un momento en el que se
hace inevitable confesar. Y o acaba en desastre, que es raro si el tonteo ha
sido prolongado y correspondido, o se asienta el asunto. Y se pierde la magia,
las tontadas, el misterio del principio se acaba y con él se evapora la ilusión
del principio. Todo es serio ahora, la intriga ha sido desvelada. Cuando se
pasa del tonteo a una relación cabe la posibilidad de que el amorío acabe,
puesto que el nuevo ritmo puede resultar rutinario y aburrido.
Por eso hay que reivindicar el tonteo, como fase de
transición de conocerse a algo más, como fase de entretenimiento.
Busca, experimenta, pruébalo. Cuando lo pierdas lo notarás,
no podrás volver a él, sólo queda resignarse e intentar que la nueva fase sea
mejor, sino el fracaso será inminente.



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