lunes, 29 de julio de 2013

El tonteo


Que fase tan interesante. Y es que es eso, una fase, que va desde que te empieza a gustar alguien hasta que finalmente lo sabe. He de reivindicarla. Para mí es de lo más interesante y productiva, porque luego se asienta la cosa y pierde su encanto.
Cuando tonteas con alguien te quedas hablando hasta las tantas, te ríes constantemente, tienes intriga por saber si eres correspondido  y eso da morbo, da ganas de seguir. Esa curiosidad enfermiza que tanto nos hace disfrutar, también podemos rayarnos, pero pasar el rato al fin y al cabo. Su nombre –tonteo-  ya lo indica, y es que las dos personas están en un estado de tontería que les hace incluso descuidar obligaciones básicas como estudiar, prestar atención a los familiares, pasar el tiempo con amigos… pero no importa, porque hacer el tonto con esa persona es divertido.
Pero todo tiende a su fin, y llega un momento en el que se hace inevitable confesar. Y o acaba en desastre, que es raro si el tonteo ha sido prolongado y correspondido, o se asienta el asunto. Y se pierde la magia, las tontadas, el misterio del principio se acaba y con él se evapora la ilusión del principio. Todo es serio ahora, la intriga ha sido desvelada. Cuando se pasa del tonteo a una relación cabe la posibilidad de que el amorío acabe, puesto que el nuevo ritmo puede resultar rutinario y aburrido.
Por eso hay que reivindicar el tonteo, como fase de transición de conocerse a algo más, como fase de entretenimiento.

Busca, experimenta, pruébalo. Cuando lo pierdas lo notarás, no podrás volver a él, sólo queda resignarse e intentar que la nueva fase sea mejor, sino el fracaso será inminente. 

martes, 23 de julio de 2013

Borrachismo


Si no existe este término deberían acuñarlo. Yo lo defino como una enfermedad un tanto grave. Hay gente que no debería beber, porque cuando lo hace sufre de un estado tontería de que hace padecer al resto.
¿Nunca habéis tenido que cuidar de un borracho? Si no es así casi debería deciros que sois afortunados. No pasa con todos pero algunos de ellos al beber cambian sus modales habituales y se vuelven realmente insoportables. Se pasan unos momentos bochornosos en los que realmente no sabes qué hacer. Si cuidas tú solo de una persona que sufre de "borrachismo" a veces incluso llegas al borde de la desesperación. Y es que puede ser una persona realmente buena, simpática, agradable… que cuando bebe da un giro de trescientos sesenta grados. Lo notas en su manera de actuar, cambia su humor, se vuelven medio violentos, secos, furiosos, y tú lo pagas. Y se supone que uno bebe para divertirse, el que sí que se divierte es el que te cuida…
No sé qué tendrá el alcohol que haga que las personas den estos cambios bruscos, pero también es cierto que después no suelen acordarse ¡tendrán morro! No te dan ni las gracias por cuidarlos, por preocuparte por ellos, por mostrar el interés que el resto no tiene, porque a veces incluso vomitan y los tienes que ayudar a recobrarse.

Hay que controlar esos cambios de actitudes porque uno no se puede volver odioso así porque sí y luego pretender que todo vuelva a ser como si nada hubiera pasado. Un poco de consideración por el que te aguanta.

lunes, 8 de julio de 2013

Dependencia

Esta no es la entrada que yo quería hacer. Soy de esas personas que creen que no debes hacer de nadie tu marca de heroína porque si no puedes llegar a pasarlo muy mal. Depender de alguien para ser feliz hace que tu vida necesite de ese alguien para tener sentido y eso es lo que me lleva a decir que hay que ser independiente, ser dueño de tus sentimientos, no dejarse afectar tanto por las reacciones del otro. Pero todo esto queda desmontado.
Cuando empiezas una relación, en la que se siente, se crea un estado de dependencia en el otro involuntariamente. Subordinas algunas de tus prácticas habituales para estar o hablar con la otra persona, pierdes tiempo que sabes que deberías invertir en cosas productivas, sabes que te perjudicas pero aun así decides tomar el riesgo porque no te importa, porque tú así eres feliz, tienes lo que te hace feliz. Incluso llegas a perder la relación con algunos de tus familiares o amigos por dedicárselo a esa persona.
Mi conclusión es sencilla, hay que saber dosificar. No te debes volcar en una relación y dejar todo lo demás a un lado porque igual cuando esta acabe miras a tu alrededor y no te queda nada. No debes hacer que tus emociones dependan de nadie, hay que aprender a controlar, de lo contrario lo pasarás mal, muy mal. ¿Qué pasa si esa persona te falla? Que te hallas sumido en la miseria. Si te sabes organizar te sabrás mentalizar y sabrás vivir en armonía encontrando ese dorado punto medio (“aurea mediocritas”).
La dependencia es en cierta parte necesaria, pero también es necesario no caer en su dominio, porque sino quedarás adicto a esa persona como si de una droga se tratara, y salir luego de ello podrá convertirse en una tortura.