
¿Cuántas cosas dejamos de hacer por inseguridad? Puede que hasta más de las que hacemos realmente. Lo planeamos, suena perfecto en nuestra cabeza, pero a la hora de ponerlo en práctica algo falla. No somos capaces. ¿De dónde surge ese miedo y a qué tememos exactamente? Miedo al fracaso, me adelantaría a afirmar. El caso es que tampoco podemos esperar que aquello que queremos se cumpla sin mover un solo dedo. El miedo es el padre de la inseguridad a la que vivimos sometidos. ¿Cómo llegó esa inseguridad a nosotros? Paranoias propias, fracasos anteriores, personas que se han encargado de manejar nuestra autoestima, o todo en conjunto. Actuar racionalmente es lo que yo diría siempre, pero no es la mejor alternativa. La razón también nos oprime; pensar que aquello que vamos a hacer puede acabar mal nos lleva a no hacerlo. Si pensamos siempre los pros y los contras de lo que queremos hacer probablemente acabemos echándonos para atrás. Por eso hoy te digo que pensar no siempre es la mejor opción, a veces simplemente hay que seguir el corazón y si has de llevarte una decepción al menos aprenderás de ello. ¿Cómo vas a aprender de tus errores si no te atreves a cometerlos? Y oye, también puede salir bien ¡Cree en ti! Casi nos torturamos más pensando en cómo sería atreverse, lanzarse... que cuando nos estrellamos.
El corazón y la mente son las dos fuerzas que guían nuestros actos, ¿Cuál seguir? Si algún día consigues equilibrarlos nada ni nadie se interpondrá en tu camino.

A día de hoy creo que es mejor arrepentirse por haberlo intentado que arrepentirse por no probar siquiera.
Está claro que esta entrada no es precisamente para egocéntricos.
Quiérete a ti mismo, sin importar lo que la sociedad diga de ti ¿Acaso te conocen mejor que tú mismo? No dejes que te influya, porque entonces serán dueños de tus miedos y nunca podrás actuar con la seguridad necesaria.
Pide consejos a tus amigos si así lo deseas, pero nunca dejes que condicionen definitivamente tus acciones posteriores
No hay comentarios:
Publicar un comentario