La vida está llena de peligros,
pero sin duda, uno de los más tóxicos es la dependencia. No creo que nadie
decida ser dependiente a algo, simplemente acaba sucediendo. Dicen que se tarda
veintiún días en adquirir un hábito, normal acostumbrarte y luego no querer
renunciar a él.
El peligro de la dependencia
reside en que cada vez quieres más. Algo empieza como un tonteo, ya sea probar
una sustancia, probar una persona, una red social, pero acabas enganchándote.
Ser dependiente significa no
poder vivir sin algo. La dependencia crea ansiedad, angustia, tu vida a veces
se paraliza y necesitas de eso para continuar. El resto de cosas son
absol
utamente absurdas. Tú quieres tu sustancia. El reto reside en aprender a
vivir sin ello, en ver lo equivocado que estás y recapacitar antes de cometer
alguna locura.
Hay que concienciarse y ver que
nada es imprescindible. Que tu sustancia, incluso si es una persona y esta es
buena, es innecesaria para sobrevivir. Si la tienes, sé feliz, si se va no te
ahogues en su falta. Nuevos hábitos vendrán.
Desde luego que si dependes de
una persona debes aprender a vivir sin ella, porque se puede ir o se puede dar
cuenta de que dependes de ella y asustarse. A veces nos enorgullece ver como
alguien nos echa de menos pero eso de “no puedo vivir sin ti”, “no sé qué sería
de mí sin ti” son mitos infundados en una idea que nunca ha sucedido. Vive sin
esa persona por un periodo largo y después dilo, si todavía crees que tienes
razón.
Y si alguien depende de ti, no te
aproveches, enséñale lo muy equivocado que está.
La vida depende en no depender de nada que no sea
uno mismo.

