No sé si es suficiente amar para que una relación dure. Las
relaciones tienen distintas etapas, primero está el tonteo, todo es ji ji ja ja, te empieza a gustar la otra
persona. Luego llega el asentamiento, el ponerle nombre al asunto. Esta fase es un poco más seria pues ya sabes que
la otra persona te quiere, o por lo menos te aprecia lo suficiente para
intentar algo. El noviazgo es diferente en cada pareja, cada uno lo vive a su
manera. Al principio todo es muy bonito, estás muy enganchado a la otra
persona, pero todo termina. Llega un momento en que el amor se da por hecho y
deja de ser algo especial, simplemente está ahí. En cierta manera se pierde la
magia, no dejas de querer pero la efusividad se ha perdido. Y es ahí cuando
llega el problema.
La gente se come mucho la cabeza pensando cómo sorprender a
su pareja, porque si no todo es muy monótono. Y lo monótono aburre, cansa,
mata. Personalmente pienso que no siempre vas a tener ideas, no siempre vas a
poder hacer cosas distintas con tu pareja. Es verdad que hacer siempre lo mismo
cansa, pero no se puede estar toda la vida mutando. Hay que saber manejarlo,
jugar, dejarse llevar. Porque de lo contrario llegará un momento en el que te
canses tú o la otra persona y de repente salga de la boca un “no sé si esto
volverá a ser como antes”. Y después llega la ruptura, el barco se ha hundido
junto con las ganas de la tripulación. Lo curioso es que a lo mejor ninguno de
los dos ha dejado de querer, simplemente no podían dar más de sí.
¿No os produce miedo acabar así? No hay una causa real pero
la relación ha muerto. Ganas, hay que ponerle ganas a la vida para que todo
funcione. Un poco de monotonía no es mala si hay ganas de seguir evolucionando.
Si os quedáis estancados vuestra relación morirá.